La Fitosociología en España (Publication)

Salvador Rivas-Martínez - Dr.H.C.Bilbao 1.995


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Excmo. y Magnífico Sr. Rector, Excmo. Sr. Lehndakari, Dras., Dres. del Claustro Universitario, Sras. y Sres.

Sean mis primeras palabras de gradecimiento al Departamento de Biología Vegetal y Ecología, a su Director el Prof. Javier Loidi Arregui y a la Facultad de Ciencias, por haberme enaltecido en grado sumo al proponerme como Doctor Honoris Causa. También quiero expresar mi gratitud a la Junta de Gobierno de la Universidad del País Vasco y a su Rector Magnífico el Prof. Juan José Goiriena de Gandarias.

Sobre cuales hayan podido ser los méritos para que acceda a este gran honor, por más que reflexiono no los hallo, salvo aquellos que puedan derivarse de una circunstancia ajena: el afecto que inmerecidamente me profesan algunos claustrales presentes. No pienso que pueda ser tenido como mérito, sino como privilegio, el que desde joven mostrase interés botánico por el País Vasco, ya que lo heredé de mi padre.

Este lance tan emotivo en que me encuentro, hace que reviva aquellos largos veranos de mi niñez y adolescencia transcurridos en Deva y Zarautz. Vienen a mi memoria los apacibles paisajes de prados, manzanos y argomales de nuestras meriendas camperas; los viejos amigos y amigas de Eibar, Bilbao, Logroño y Pamplona; la música del quiosco de la plaza, las misas dominicales, las partidas de frontón, mis chapas del Atletic de Bilbao y los partidos de fútbol en la playa las mañanas de bajamar. También, con añoranza, recuerdo a mi madre, siempre vigilante y orgullosa de sus cinco hijos. Y sobre todo, a mi padre aquellos meses de su agosto vacacional, al que compañaba casi todas las tardes en su peregrinar estudioso de la vegetación del País Vasco, y que a veces como premio terminaban con unas sabrosas sardinas en Guetaria, que él acompañaba con el entonces ácido chacolí.

Aunque por profesión posea el amplio y honroso título de botánico, en realidad, a lo que preferentemente he dedicado mis estudios e investigaciones es a la Fitosociología. Por ello, tendrán que disculpar que a ella me refiera.

Conceptos generales

La Fitosociología es una ciencia joven, aún no centenaria, emanada de la Geobotánica y, por tanto, una parte de la Ecología o ciencia de los ecosistemas. La Fitosociología, en concreto, se ocupa del estudio de las biocenosis desde una perspectiva botánica; es decir, de las comunidades vegetales, de sus relaciones con el medio y de los procesos temporales que las modifican. Con toda esta información, a través de un método inductivo y estadístico basado en la realidad del inventario fitosociológico de vegetación, trata de crear una tipología jerárquica universal en la que la asociación es la unidad básica del sistema.

La asociación corresponde a un tipo concreto de comunidad vegetal que posee, además de unas determinadas cualidades mesológicas y precisa jurisdicción geográfica, unas peculiaridades florísticas expresadas en especies características y diferenciales propias, estadísticamente fieles a determinadas residencias ecológicas de un biótopo dado, en un momento estructuralmente estable de la sucesión. A su conocimiento se llega mediante el estudio comparado de los individuos de asociación o inventarios, única realidad concreta de la tipología, en los que se anota y cuantifica la de una comunidad vegetal homogénea particular. La toma del inventario de asociación es la operación más importante de la investigación fitosociológica. Las asociaciones de composición florística, estadio, biótopo y hábitat semejantes se pueden agrupar en unidades de rango superior : alianzas, órdenes y clases. Como se ha dicho, la asociación representa la unidad tipológica básica del sistema y el individuo de asociación o inventario la única realidad concreta; en otras palabras la sola referencia tangible de la sintaxonomía. Si se me permite hacer una analogía conceptual el inventario es para la Fitosociología lo que el ejemplar y su descripción representan para la especie en la taxonomía biológica.

El desarrollo de las Ciencias de la Naturaleza ha sido una constante durante las últimas décadas. Tal vez más que el descubrimiento de nuevos hechos y la descripción de nuevas especies pretéritas o vivientes, el interés se ha ido decantando hacia el conocimiento de las leyes naturales que rigen la distribución de la Biodiversidad y hacia planteamientos globales en estas Ciencias. Tampoco los aspectos ecofuncionales han sido ajenos a la creciente atención científica en estos campos. El cambio de actitud ha dado como resultado un notable avance epistemológico, la aparición o redefinición de nuevas disciplinas ecológicas híbridas y, sobre, todo una destacable clarificación terminológica y conceptual. Como elementos retardatarios de este innegable progreso, que debería ser fruto de reflexión, pueden enumerarse: la limitada atención que en los estudios preuniversitarios y universitarios se está confiriendo a las Ciencias Naturales, a la Geografía y a las lenguas clásicas, y, paradójicamente, la exagerada idealización de las posibilidades de ciertos programas informáticos que está acarreando en determinados grupos de jóvenes investigadores pereza mental, sumisión y falta de creatividad.

Si hacemos hoy un ejercicio sintetizador de los conceptos naturalistas y ambientales, deberíamos definir la Ecología como la ciencia que estudia las biocenosis y su ecofunción, lo que no es otra cosa que el estudio de los ecosistemas. Las biocenosis serían las unidades bioestructurales y ambientales de los ecosistemas y estarían formadas por las comunidades de organismos (fitocenosis y zoocenosis), por los espacios que ocupan (biótopos) y por los hábitat o ambientes mesológicos donde prosperan.

El concepto ruso de biogeocenosis sería similar al de biocenosis, pero sólo representaría la bioestructura y ambiente de los ecosistemas terrestres; es decir, su expresión en la geobiosfera. Con pocos retoques entraríamos en el concepto norteamericano de bioma; se trataría de amplias biogeocenosis estructurales y funcionales utilizadas por el hombre de un modo extensivo tradicional. De la mano de estos biomas estaríamos en modelos reales como la tundra, la taiga, el bosque deciduo, la sabana, la selva ecuatorial etc.; es decir, inmersos en el mundo de lo concreto.

Otro aspecto ecológico, que tal vez mereciese la pena deslindar y comentar sucintamente por sus importantes implicaciones investigadoras, políticas y de gestión del territorio, sería la necesidad de distinguir al menos tres grandes espacios o ecosistemas terrestres de uso y jurisdicción antitética: los ecosistemas naturales y seminaturales, los rurales y los urbano-industriales; cada uno de ellos acreedor de atención por diferentes expertos. Los ecosistemas naturales y seminaturales, por su compleja biodiversidad y variabilidad, deberían ser patrimonio científico preferente de los Naturalistas, término éste en desuso frente a otros como biólogo, geólogo, ecólogo, botánico, etc.., pero que convendría rescatar por su tradición y enjundia. Los ecosistemas rurales, dado su interés económico inmediato en la producción de alimentos y materias primas, tendrían que ser el escenario de la atención científica preferente de la ingeniería agrícola, forestal y zootécnica. Por último, los ecosistemas urbano- industriales, por la obvia problemática humana y económica que conllevan, serían el área científica primordial de urbanistas, arquitectos y técnicos industriales. Cada uno de estos grandes espacios de intereses múltiples requiere investigaciones y gestiones específicas. Por desgracia, la frecuente confusión y mezcolanza en estos temas, arbitrados por políticos, gestores y científicos de intereses contrapuestos, tiende a perjudicar la parte más débil que obviamente resulta ser la de los ecosistemas naturales y seminaturales, que es la que al final cuenta con menores atenciones e inversiones. La situación no pasaría de ser anecdótica si no confluyesen dos circunstancias importantes. La primera es que el futuro de la humanidad, de la salud y de la calidad de vida, está en gran medida condicionada por el mantenimiento incólume, o en ocasiones por la recreación, de estos grandes recursos que representan las biocenosis. La segunda es que, si bien existe un compromiso político internacional recientemente plasmado en la Conferencia de Río de Janeiro de 1.992, (suscrita y ratificada por España), de conservar la Biodiversidad, y que en nuestro caso queda reforzado por la legislación de la Unión Europea, (una de cuyas Directivas más conocidas para nosotros es la de Conservación de los Hábitats Naturales, de julio de 1.992), todavía el horizonte conservacionista en nuestro país permanece incierto.

Clasificaciones fisionómico-ecológicas

De entre las propuestas sugeridas para el estudio de la vegetación y de sus asociaciones o estructuras repetitivas con información catalogable -en base a la concepción que presintió e hilvanó Humboldt en el primer tercio del siglo diecinueve- hay que destacar en primer lugar, en las aproximaciones a gran escala, las clasificaciones fisionómico-ecológicas con base florística. A estos ensayos geobotánicos de gran trascendencia, cuyo paradigma fue la formación vegetal, podrían referirse los nombres de sus más preclaros creadores o seguidores: Grisebach, Schimper, Rübel, Brockmann-Jerosch, Huguet del Villar, Walter, Schmid, Rivas Goday, Sotchava, Schmithüsen, Ellenberg, y otros más. Todos esos trabajos representan una parte esencial del contenido epistemológico de la Ciencia de la Vegetación y de la Fitosociología actual. Los últimos ensayos mencionados, por estar ya impregnados de los conceptos de Braun-Blanquet, son esencialmente eclécticos y de tan fructífero trasvase conceptual no cabe más que felicitarse.

El concepto de formación, como se ha dicho, ha variado bastante desde que Grisebach lo introdujera en 1838 con un sentido esencialmente fisionómico. En el Congreso Internacional de Botánica de Bruselas de 1910 ya se definió la formación como "expresión de determinadas condiciones de vida, organizada por asociaciones que se diferencian en su composición florística, pero que coinciden en las condiciones estacionales y en sus formas biológicas". Las Escuelas Fitogeográficas del primer tercio de este siglo fueron las que más enfatizaron en los valiosos criterios sucesionistas. Así la Comisión Inglesa de Vegetación definió la formación como "una serie de etapas naturales del desarrollo de la vegetación en una estación dada", y, poco después, Clements, en Estados Unidos, llamó formación- clímax a la unidad fisionómica final en el proceso de sucesión. En el momento actual puede considerarse la formación como un "conjunto de comunidades vegetales propio de un amplio territorio, delimitado en primer lugar por la fisionomía resultante de la organización espacial conferida por las formas biológicas (biotipos) de las plantas predominantes correspondientes al estadio maduro de la serie o clímax, que tiene en cuenta, además, criterios florísticos, climáticos, edáficos, biogeográficos, paleohistóricos, antropógenos y catenales". Concebida la formación de este modo, se aúnan las tradiciones fisonómico-ecológicas continentales europeas desde Grisebach a Rübel con las sucesionistas angloamericanas, lo que permite aproximarla a los conceptos recientes de biogeocenosis y bioma. También es factible, en los territorios bien estudiados por el método fitosociológico de Braun-Blanquet, utilizar las asociaciones sigmatistas como unidades diagnósticas elementales. En cualquier caso, la formación es un macromodelo geobotánico ecléctico y sólido que puede ser definido al amparo de cualquier aproximación fitogeográfica seria.

Entre las clasificaciones de las formaciones vegetales de la tierra que han tenido más éxito y aceptación general, se pueden destacar en este siglo las de Diels, Brockmann- Jerosch & Rubel y más recientemente, con el apoyo de la UNESCO, la de Ellenberg & Mueller-Dombois.

Diels (1910) reconoció 18 formaciones distribuidas en bosques (drymium), fruticedas (thamnium), praderas (poium) y herbazales (phorbium) reunidas por el factor hídrico de la estación en cuatro grandes grupos ecológicos: hydatophytia, mesophytia, hydrophytia y xerophytia, cada unos de ellos con diversas formaciones. I.- En el medio acuático o hydatophytia distinguió las formaciones: 1. Thalassium (de talasófitos o de aguas marinas), 2. Limnium (limneas o de aguas dulces remansadas), 3. Potamium (potamófilas o de aguas dulces fluyentes). II.- En el medio emergido terrestre no hidrófilo o mesophytia distinguió las formaciones: 4. Tropodrymium (bosques sabaneros caducifolios), 5. Therodrymium (bosques caducifolios templados verdes en verano, 6. Conodrymium (bosques de coníferas aciculifolios), 7. Mesothamnium (fruticedas de hojas esclerófilas), 8. Mesopoium (pastos de sabana), 9. Mesophorbium (megaforbios). III.- En el medio terrestre o semiterrestre con balance hídrico positivo o sobrante de agua o hydrophytia distinguió las formaciones: 10. Halodrymium (bosques tropicales litorales o manglares), 11. Hygrodrymium (bosques de lluvia constante), 12. Hygropoium (praderas higrófilas), 13. Hygrophorbium (prados turbosos, bajas turberas o planas infracuáticas), 14. Hygrosphagnium (altas turberas de Sphagnum o abombadas supracuáticas). IV.- Por último en el medio terrestre de los climas secos y de suelos con balance hídrico negativo o Xerophytia distinguió las formaciones: 15. Xerodrymium (bosques secos), 16. Xerothamnium (fruticedas secas espinosas), 17. Xeropoium (estepas o pastos secos), 18. Xerophorbium (herbazales secos).

Brockmann-Jerosch & Rübel (1912, 1919) aceptaron en primer lugar tres tipos estructurales de vegetación: a) lignosa [silva (especies dominantes los árboles), fruticeta (especies dominantes los arbustos)], b) herbosa (especies dominantes las hierbas) y c) deserta (vegetación en su óptimo abierta o desiertos). En las lignosa reconocieron siete grandes formaciones fisionómico-ecológicas, agrupadas, además de por su aspecto estructural, por sus semejanzas mesológicas, geográficas y sucesionales. Tales unidades zonales las designaron como: 1. Pluvilignosa (bosques y fruticedas trópico-ecuatoriales de lluvia con hojas siempreverdes glabras y yemas no protegidas); 2. Laurilignosa (bosques y fruticedas tropicales con hojas siempreverdes glabras y verdinegras, dispuestas perpendicularmente a la luz y con las yemas bien protegidas; 3. Durilignosa (bosques y fruticedas provistas de hojas siempreverdes y coriáceas, subtropicales y templados de clima mediterráneo), 4. Ericilignosa (formación principalmente arbustiva en la que abundan los fanerófitos de hojas ericoides, propia de climas oceánicos desde los trópicos hasta las zonas polares; 5. Aestilignosa (bosques y fruticedas en la que predominan las plantas caducifolias en invierno, de yemas peruladas, propias de países templados y fríos, así como en las montañas subtropicales no continentales en demasía); 6. Hiemilignosa (bosques y fruticedas provistos de hojas durante la época lluviosa y deshojados durante la seca, propios de países tropicales con una estación seca o carente de lluvias); 7. Aciculilignosa (bosques y fruticedas con plantas provistas de hojas aciculares verdes todo el año). En las fitocenosis correspondientes a las herbosa distinguieron según el agua del suelo: terriherbosa y aquiherbosa. Y por último, en las deserta, es decir en las fitocenosis muy abiertas y discontinuas, según el carácter mesológico desfavorable causante de tal situación distinguen: a) siccideserta (causada por la excesiva sequedad del medio, bien sea de origen climático o edáfico, como la salinidad); b) frigorideserta (causada por el frío y propia de las altas montañas y de las zonas muy frías); c) littorideserta (causada por la acción desertizante de la maresía o hálito salino marino); d) mobilideserta (causada por la poca cohesión y movilidad del suelo, como arenales y cascajares); y e) petrideserta (causada por la gran cohesión del terreno y limitada cubierta de suelos, como rocas, muros, peñascos, cantiles, etc.).

La clasificación propuesta por Ellenberg & Mueller- Dombois (1967, 1973), fruto de diversas reuniones y múltiples aproximaciones propiciadas por la UNESCO entre 1964 y 1966, crea una serie de rangos, que en orden decreciente van desde la clase de formación (rango supremo), a las subclases, grupo de formaciones, formaciones, subformaciones o, incluso, las variaciones de éstas, siguiendo un método deductivo. Los criterios para delimitar las siete clases de formaciones son los fisionómicos clásicos (silva, fruticeta, herbosa, deserta, etc.). Las subclases, en las unidades leñosas, se distinguen entre sí por la persistencia y xeromorfía de las hojas. En los grupos de formaciones deciden los caracteres climáticos y geográficos más sobresalientes. Las formaciones, en sentido estricto, corresponden a los grupos de fitocenosis más conspicuos y conocidos, que caso de resultar excesivamente grandes o algo ambiguos pueden segregarse en unidades menores en base a caracteres morfológicos o ambientales sobresalientes. Se trata de una clasificación inteligente y abierta que se preparó para realizar una cartografía general de la vegetación de la Tierra, ya que a la sazón, por falta de datos suficientes, no se podía plantear un método inductivo puramente fitosociológico que tuviese jurisdicción en todo el Mundo.

Las clases de formación son las siguientes (entre paréntesis, el nombre adjudicado por sus autores y algunos posibles sinónimos):

I.-Bosques cerrados (closed forests, selvas). II.-Bosques abiertos (woodlands, arboledas, parques, monte alto). III.-Fruticedas (scrublands, espinales, monte bajo, semidesiertos de arbustos). IV.-Matorrales (dwarfscrublands, tomillares, landas, semidesiertos de matas). V.-Vegetación herbácea terrestre (terrestrial herbaceous communities, prados, sabanas, praderas, megaforbios). VI.-Desiertos y otras formaciones muy abiertas (deserts and other scarcely vegetated areas, mobilideserta, rupideserta). VII.-Formaciones acuáticas (aquatic plant formations, rizomenon, pleuston).

Evolución de la Fitosociología

A principios de este siglo, por influencia de Flahault, fue consagrado el término de asociación como una comunidad de composición florística determinada que debía poseer una fisionomía y composición biotípica peculiares. Los trabajos de Braun-Blanquet y de sus discípulos en el primer tercio de este siglo fueron aportando gran cantidad de información geobotánica en base florística, que hizo posible que el concepto de asociación se emplease internacionalmente para las comunidades definidas por sus especies características y diferenciales (Congreso Internacional de Amsterdam, 1935). Tras el éxito inicial de la escuela de Zürich-Montpellier, que es sinónimo de Fitosociología braunblanquetista, se abrió el camino fecundo en el que estamos y que ha ido desarrollando e integrando otros conceptos dinámicos (Sinfitosociología), corológicos (Biogeografía), climáticos (Bioclimatología), históricos (Paleosimbiología), etc.

La evolución de la Fitosociología en estos últimos lustros ha sido importante. Sobre todo por haber ido incorporando información procedente de áreas científicas adyacentes. También ha influido sin duda en su desarrollo el haber participado en planteamientos multidisciplinares y en la búsqueda de soluciones a problemas metodológicos, sucesionales, climáticos, biogeográficos, funcionales y cartográficos.

Tras la avalancha de numerosas investigaciones analíticas y sintéticas sobre comunidades vegetales, biótopos y hábitats, acaecidas en las últimas décadas, se ha ido haciendo cada vez más necesario ensanchar la base doctrinal y ensayar modelos más globalizadores, para poder seguir avanzando en estas áreas de la ciencia. La Fitosociología ha ido incorporando, como bagaje científico imprescindible en el análisis y descripción de la vegetación, muchos conocimientos propios de otras ciencias y especialidades como la Biosistemática, Geomorfología, Edafología, Climatología, Ecofisiología, etc. El incremento del acervo científico de la Fitosociología ha dado como resultado la aparición de modelos más sólidos y predictivos así como nuevas formulaciones en ciencias fronterizas o híbridas como la Biogegrafía, la Bioclimatología, la Ecología del Paisaje, y otras.

Con todo ello, como ocurre siempre en el árbol frondoso e inagotable de la ciencia, la confluencia de savias y ramas hace que surjan ramúsculos nuevos que si se cuidan adecuadamente llegan a hacerse vigorosos e independientes, merced a la aparición de un lenguaje científico propio, fruto inevitable de los conocimientos nuevos que se acuñan.

Aunque sea con brevedad voy a referirme a algunos avances conceptuales acecidos en nuestra ciencia. Hoy, además de la Fitosociología clásica o braunblanquetista que se ocupa en primer lugar de las asociaciones vegetales, se reconoce la Fitosociología dinámico-catenal o paisajista, cuyas unidades elementales son la serie de vegetación o sigmetum en lo dinámico y la geoserie de vegetación o geosigmetum en lo catenal.

El sigmetum trata de ser la expresión sucesionista de un dominio climácico; es decir, de un territorio homogéneo geográfica y ecológicamente en el que una asociación ejerce la función de clímax. Esta unidad geobotánica ecléctica, propuesta por mí hace poco más de una década, representa a todo el conjunto de comunidades vegetales o estadios que pueden hallarse en unos espacios teselares afines como resultado del proceso de sucesión tanto regresiva como progresiva. Lo que incluye el tipo de vegetación representativo de la etapa madura o cabeza de serie y las comunidades iniciales o subseriales que la reemplazan, al tiempo que abarca tanto las diversas residencias o biótopos ocupados por las comunidades de organismos presentes como los ambientes mesológicos que configuran sus hábitats.

Para la correcta denominación de una serie de vegetación o sigmetum se debe construir una frase diagnóstica que indique ordenadamente, además de los factores ecológicos y geográficos más significativos (termotipo, ombrotipo, biogeografía, afinidades edáficas, etc.), las especies dominantes de la cabeza de serie o comunidad madura. Cabe distinguir entre estas series las climatófilas, es decir, las que se inician y se ubican en suelos que sólo reciben el agua de lluvia (dominios climácicos), y las edafófilas que se hallan en suelos especialmente secos o húmedos. Como unidades sinfitosociológicas de rango inferior a la serie pueden emplearse subseries y faciaciones, como superiores las macroseries, megaseries e hiperseries (sigmion, sigmetalia, sigmetea). Para la denominación latina de esta unidad se utiliza el nombre de la asociación cambiando la desinencia indicadora del rango (-étum) por la vocal de unión (-o), seguida del epíteto sigmetum. Para los rangos sintaxonómicos de mayor jerarquía se procede del mismo modo pero utilizando según sea el caso los epítetos sigmion, sigmetalia y sigmetea, tras el nombre del sintaxon.

Si integramos a una serie sus contiguas, es decir si tenemos en cuenta además de la sucesión el fenómeno catenal -por ejemplo, las series climatófilas y edafófilas que pueden hallarse en contacto- estaremos delante de otra unidad más compleja que denominamos geosigmetum. El número de geosigmetum que puede reconocerse en un territorio cualquiera estará, como es lógico, en función del relieve, de la naturaleza de los suelos, del clima y de la ubicación geográfica. Sin embargo, todo este conjunto se puede reducir idealmente a un modelo general universalizable que sería el de: cresta, ladera y valle. Tal marco topográfico elemental permite destacar los tres aspectos edáficos más generales de cualquier catena. El más xérico coincide con las crestas o zonas más elevadas, el más húmedo, que siempre resulta ser el valle o las zonas más deprimidas, y el situado entre ambos, o intermedio, que corresponde a lo que denominamos ladera o llano.

El agua de lluvia por gravitación tiende a desplazarse hacia los valles tanto por ecorrentía como por percolación, creando con ello una secuencia de humedad creciente en los suelos por aporte lateral. Al mismo tiempo, la erosión hídrica debida a la lluvia favorece la disgregación y arrastre de partículas y solutos hacia abajo, lo que incrementa el espesor y trofía de los suelos hacia los pié de monte y los valles.

En el marco elemental descrito - que naturalmente se puede diversificar mucho según sea la escabrosidad del relieve, la litología y composición de los suelos - es donde se ubican armónicamente las fitocenosis y donde se producen los fenómenos sucesionales tendentes a equilibrar el biosistema. Así, la distribución de la vegetación va desde la más resistente a la xericidad que ocupa las crestas y los suelos más secos (series edafoxerófilas) a la más exigente en humedad que se sitúa en los valles y depresiones (series edafohigrófilas); quedando la intermedia en aquellos espacios más acordes con lo estrictamente aportado por las lluvias a lo largo del año (series climatófilas). Podría pensarse que todos los tipos de vegetación ubicados en esos medios sólo antagónicos en lo que al balance hídrico del suelo se refiere, hubiesen tenido un origen sincrónico en el territorio, así como que su estabilidad o resistencia fuese similar frente a los cambios climáticos que de un modo rápido y permanente se están produciendo en nuestras latitudes durante el Holoceno. Tal idea de estabilidad global de los geosigmetum está muy alejada de toda realidad, ya que esa unidad, independientemente de su posible alteración por causas naturales o antropozoicas, reacciona y se modifica de forma muy distinta según sean las tendencias climáticas en cada Bpoca.

Todo geosigmetum alberga tipos de vegetación no sólo antitéticos en sus exigencias hídricas sino también biocenosis muy diversas en la cronología de su aparición y poblamiento del territorio. A grandes rasgos puede postularse que las comunidades edafoxerófilas corresponden a épocas o avances de los climas secos y las edafohigrófilas a lo contrario. La asunción de estos hechos faculta para realizar múltiples disquisiciones e interpretaciones y permite plantear en la Fitosociología dinámico-catenal dos hechos esenciales. Uno sería que cualquier territorio abrupto bien conservado, por lo tanto poseedor de geosigmetum peculiares y diversos, tiene recursos biocenóticos suficientes para hacer frente él mismo a los cambios climáticos ómbricos que pudiesen producirse, en base a la simple cesión y desplazamiento mediato de aquellas especies y tipos de vegetación higrófilos o xéricos más acordes con la nueva situación climática aparecida. Obviamente, la misma capacidad restauradora con mecanismos similares se produciría en los cambios termoclimáticos, si bien en estos casos serían las especies y comunidades de las series climatófilas de los geosigmetum contiguos en las cliseries latitudinales o altitudinales las que se desplazarían.

Otro aspecto a tener muy en cuenta es la vecindad vegetacional en las catenas de los geosigmetum; es decir, cuál es en cada caso la vegetación edafoxerófila o edafohigrófila adyacente en cada nivel estructural equivalente. Aunque el fenómeno de las modificaciones en la vegetación a causa de los cambios climáticos es universal, los elementos vivos que se intercambian tienen jurisdicción geográfica y bioclimática precisa lo que permite que, del estudio comparado de las catenas de amplios territorios, se puedan inferir con cierta facilidad los paleoclimas y las fronteras actuales y pretéritas. Con ello se abre la posibilidad de utilizar ventajosamente esta información en el afinamiento de los modelos que ahora usamos en Bioclimatología y Biogeografía puesto que, aunque sabíamos que la distribución y combinación de las fitocenosis en la tierra no era aleatoria sino regida desde siempre por factores ecológicos mensurables, ahora tenemos la posibilidad tanto de precisar sus fronteras como, lo que es más apasionante, formular modelos teóricos según se supusiese que fueran los previsibles cambios climáticos en el futuro.

Como es de rigor recordar en el estudio de la naturaleza y de los seres vivos, la ciencia sólo se concreta en los artefactos taxonómicos que la inteligencia humana emplea para transcribir y fijar sus conocimientos empíricos o experimentales en un sistema comprensible, generalizable y transferible. Pero como los juguetes intelectuales que son los modelos creados por las ciencias han resultado útiles para el desarrollo de la humanidad, se han convertido en objetos irreemplazables y relativamente inmunes a la irracionalidad.

La Fitosociología en España

Aunque la ciencia Geobotánica tiene antecedentes más rancios en nuestro país, los primeros balbuceos de la Fitosociología de Braun-Blanquet cuentan apenas con setenta años. El destacable mérito de ser la primera referencia histórica sintaxonómica española le cabe a José Cuatrecasas, honra y ejemplo para todos nosotros. Nonagenario, sigue trabajando a diario en el Instituto Smithsonian de Washington sobre la flora y vegetación de América del Sur con la misma ilusión, eficacia y ahínco que lo hiciera cuando su tesis doctoral sobre la sierra andaluza de Mágina. De allí dio a conocer en 1929, entre otras muchas novedades botánicas, la vegetación casmofítica de la alianza Saxifragion camposii, sintaxon que veinticuatro años después legitimó otro joven a la sazón, el fitosociólogo francés Pierre Quézel, en su todavía hoy vigente trabajo, Sobre la vegetación de Sierra Nevada; publicación tan ejemplar como su autor, al que tanto debemos científicamente.

Para relatar de un modo cronológico el desarrollo de la Fitosociología en España tal vez convenga tratar por separado cada uno de los períodos que se me ocurre pueden distinguirse, así como destacar en cada caso las referencias e hitos más significativos:

  1. Iniciación (1925-1939). Hasta el final de la Guerra Civil de España. 
  2. Reiniciación (1940-1953). Hasta la X Excursión Internacional de Fitogeografía. 
  3. Consolidación (1954-1980). Hasta el fallecimiento de S. Rivas Goday y R. Tüxen. 
  4. Difusión (1981- ). Hasta nuestros días.

El primer período (1925-1939) fue el del encuentro con Braun-Blanquet. Los primeros pasos se debieron a que Font Quer desde Barcelona mantenía contactos con los botánicos activos de la época en el mediterráneo y en Africa del Norte, lo que le llevó a trabar amistad con Braun y sus discípulos. Aunque Font Quer no llegó a trabajar decididamente en Fitosociología comprendió de inmediato la importancia de esta ciencia. Por su influencia comenzó a conocerse al poco en Madrid, a través de su discípulo Cuatrecasas (1932), quien sucedió en la Cátedra de Botánica de la Facultad de Farmacia a mi abuelo Rivas-Mateos, fallecido prematuramente a los 56 años.

La excursión de la Asociación Internacional de Fitosociología en la Pascua de 1935, dirigida por Braun- Blanquet, tuvo lugar en Cataluña bajo la hospitalidad de Font Quer. A ésta acudieron muchos fitosociólogos notables de la época, entre los que cabe destacar al entonces joven de 36 años Reinhold Tüxen, que tanta influencia ejercería décadas más tarde en la Fitosociología madrileña. El primer botánico de nuestro país que estuvo una temporada con Braun- Blanquet en la SIGMA de Montpellier fue González Albo, recién licenciado. A su vuelta a Madrid inició sus estudios fitosociológicos en la Sierra de Guadarrama y en la Mancha de donde era oriundo; pero lo que es más destacable fue su publicación en 1934, en las Reseñas Científicas de la Real Sociedad de Historia Natural, del trabajo "Introducción al estudio de la Sociología Vegetal según el método de Braun- Blanquet". El que pudo haber sido primer discípulo de Braun en España quedó anulado como consecuencia de la tragedia de la Guerra Civil. En esos años también se realizaron algunos estudios notables por el procedimiento geobotánico clásico de designar las asociaciones por las especies dominantes, como el de la flora y vegetación de las Sierras de Málaga de Ceballos y Vicioso (1933). Pero lo más sobresaliente de todo ese período fue la publicación por Huguet del Villar en 1929 de su tratado de Geobotánica; un sistema inspirado en Diels, pero con unos conceptos y una nomenclatura altamente original y precisa. Su obra influyó bastante en los botánicos españoles de los años treinta ajenos a Braun- Blanquet, entre otros en Modesto Laza y en Rivas Goday. Pero 1936, con el comienzo de la Guerra Civil que duraría tres años, representó la parada del progreso. Al final, muchos de los que el azar dejó del lado de los perdedores tuvieron que exiliarse (Cuatrecasas), fueron encarcelados (Font Quer y Cortés Latorre) o represaliados (Rivas Goday y Laza).

La segunda época que denomino la reiniciación (1940- 1953) fue prácticamente volver a empezar aunque la semilla estaba echada. Los años de la guerra europea y del bloqueo subsiguiente (1939-48) fueron dos lustros de grandes penurias económicas pero para los que trabajaban entonces fueron también años de estudio, reflexión y aprendizaje del solar hispano. Se rehicieron las pocas universidades de entonces y se crearon algunos centros de investigación nuevos en el CSIC, que luego repercutirían positivamente en nuestra ciencia. Apenas una decena de botánicos interesados en la Geobotánica y en la Fitosociología acrecentaron las bases que habían existido y empezaron a publicar trabajos de valor. Entre los protagonistas de aquella época de concordia - además de Pio Font Quer, maestro indiscutido en todos los campos, de nuevo en el Instituto Botánico de Barcelona, y traductor por cuenta de la Editorial Labor de los libros de Botánica que permitieron el despegue: Gola, Negri, Capelletti (1943), Strasburger (1943) y Wettstein (1944) - cabe mencionar a Ceballos, Losa, Guinea, Rivas Goday, Bellot y Muñoz Medina, a los que es necesario añadir algunos farmacéuticos que colaboraban eficazmente con ellos tales como: Antonio de Bolós, Laza, Calduch y Borja. Podemos decir sin exageraciones que nunca tan pocos hicieron tanto.

La aparición en 1948 de la obra de Braun-Blanquet "La végétation alpine des Pyrénées orientales", publicada en España por el CSIC marca, sin duda, el hito fitosociológico más importante de la década. Tras esta obra magistral y la que poco después (1952) publicaría también Braun sobre el Mediodía de Francia "Les groupements végétaux de la France Méditerranéenne", puede decirse que nada fue científicamente igual en la Fitosociología hispana.

Con el paso de la década de los cuarenta aparecieron nuevos jóvenes fitosociológos: Monserrat y Oriol de Bolós en Barcelona, Galiano en Madrid y Casaseca en Santiago, formados respectivamente por Losa, Font Quer, Rivas Goday y Bellot. La amistad de Font Quer con Braun-Blanquet y su ascendiente sobre el joven Oriol permitieron que éste trabajara con Braun en el Valle del Ebro y así surgió ese maridaje que convirtió muy pronto al estudioso y reflexivo Bolós en uno de los fitosociólogos más cultos de Europa. Sus distintas publicaciones, entre las que destaco "El paisaje vegetal barcelonés" (1962), "Botánica y Geografía" (1963) y "Comunidades vegetales de las comarcas próximas al litoral situadas entre los ríos Llobregat y Segura" (1967), fueron esenciales para mi formación y opino que cuentan entre las que han favorecido más el sólido avance conceptual y descriptivo de la Fitosociología moderna.

Entre los botánicos de la época de la reiniciación (1940-53) más tenaces en el estudio de la ciencia de la vegetación y a uno de los que más debemos los que seguimos generacionalmente su andadura, es Pedro Monserrat. Formado en Barcelona al amparo de Font Quer y de Losa, además de la profunda ciencia de ambos, recibió del primero el "seny" catalán y del segundo la rectitud castellana; en ese sentido resulta híbrido. Como profesor de investigación ha trabajado sin tregua en casi todas las especialidades florísticas y geobotánicas incluyendo la estricta Fitosociología Braun-blanquetista. Su obra científica, que incluye por compromiso ético el uso racional de los recursos naturales, es tan vasta, prolífica y dispersa que a sus lectores nos cuesta trabajo seguirla. Además de haber formado a muchos que a él se acercaron en su postrera docencia en la Universidad de Pamplona, ha sabido conducir con rigor y éxito a la ciencia de calidad a sus tres hijos: José María, Gabriel y Juan; éste último trágicamente ausente entre nosotros. Junto a él y por él formado en los secretos de la florística y geobotánica pirenaicas está Luis Villar que, desde hace tiempo por su esfuerzo, ocupa posición de maestro. Como resumen a lo que pienso que Monserrat representa en el desarrollo de la Fitosociología en nuestro país sólo se me ocurre decir que es como fue mi padre: un ecléctico admirable.

La apertura de las fronteras y el inicio de la recuperación española dio pie de nuevo a las relaciones internacionales. Los congresos luso-españoles y los internacionales de Botánica permitieron los contactos personales con los botánicos y fitosociólogos del resto del mundo y recomenzar a interesarse por el quehacer ajeno.

En el Congreso Internacional de Stockholm en 1950, Rivas Goday presentó el trabajo "Essai sur les climax dans la Péninsule Ibérique", una interesante síntesis ecléctica, a medio camino entre el sistema geobotánico de Schmid y la Fitosociología de Braun-Blanquet. Algunos años más tarde me relataba Tüxen que mientras escuchaban la disertación de mi padre, Braun y él ya estaban acordando una estrategia para llevarlo hacia la Fitosociología ortodoxa. La treta no fue otra que introducirle de inmediato en el ambiente sigmatista y comprometerle para que organizase en España el año 1953 la X Excursión Internacional de Fitogeografía.

La IPE del verano del 53, en la que participaron todos los botánicos fitosociólogos españoles profesionales de la época, organizada por Rivas Goday con la ayuda eficaz de Galiano como secretario, marca lo que estimo el comienzo de la tercera época, el de la consolidación de la moderna Fitosociología en España. Tal efemérides coincidió con lo que creo es la obra magna y de madurez de la Botánica española: el "Diccionario de Botánica de Font Quer" que, entre otros muchos efectos beneficiosos, ha terminado con la "Torre de Babel" interior y ha consolidado, dignificado y proyectado fuera de nuestras fronteras la cultura botánica española.

En aquellos años mi padre comprendió bien la filosofía botánica del sistema de Braun, a la sazón muy enriquecido conceptual y metodológicamente por Tüxen y los fitosociólogos alemanes, sobre todo en lo que respecta a la vegetación potencial, comunidades permanentes y etapas de sustitución. Su estrategia para conocer tales avances en lo que a él respecta, botánico teórico-práctico de amplísimos conocimientos sistemáticos y vasta cultura naturalista, fue seguir como siempre con la lectura reflexiva de los textos originales y con la experimentación en el campo. Fueron años de frenesí en la toma de inventarios a lo largo de todo el país, con Borja y conmigo casi adolescente, estimulando y visitando a sus corresponsales: Esteve, Mansanet y Rigual. A sus discípulos jóvenes de entonces: Galiano, Wildpret y yo, nos empujó o casi nos obligó a salir de España, a aprender ortodoxia con los maestros, como él decía. Gracias a tal orientación yo estuve muy pronto con Braun-Blanquet y sobre todo con Tüxen en Alemania en la Zentralstelle für Vegetationskartierung, Instituto del Bundestag, para la cartografía fitosociológica de la Alemania en recuperación. Desde allí pude conocer aún muy joven el centro y occidente de Europa. Prácticamente todos los veranos desde el 55 al 62 estuve en Stolzenau donde tuve la suerte de trabajar en el campo con Tüxen, Lohemeyer, Trautmann, Oberdorfer, Seibert y otros muchos. Tan "malas compañías" pronto me convirtieron en lo que mi padre deseaba que fuese: "ortodoxo" en metodología y en los nuevos conceptos fitosociológicos; porque él con su permanente ironía siempre se mantuvo ecléctico y heterodoxo, como fueron sus orígenes; circunstancia que afortunadamente ha impregnado para bien, un poco, a todos los que honrosamente podemos decir que pertenecemos a su escuela. A parte de los ya mencionados, en primera generación directa, y casi todos con el marchamo sistemático de Borja -gran botánico, amigo y colaborador sempiterno de mi padre y de acusada generosidad- hay que nombrar a F. Esteve, A. Rigual, J. Mansanet, M. Mayor, C. Sáenz, M. López, J. Izco, M. Ladero, M. Costa, E. Valdés Bermejo, E. Fuertes, G. López, C. Navarro y A. Velasco.

Para poder evaluar mejor lo que fue la época de la consolidación de la Fitosociología en España puede ser una buena referencia la relación de botánicos con rango doctoral que se han formado en Fitosociología (aunque muchos de ellos estén investigando ahora en sistemática vegetal o en otras especialidades).

En Barcelona, el núcleo fitosociológico tiene adecuada amplitud y continuidad a través de Oriol de Bolós. Se ubicó en la Facultad de Ciencias y en el Instituto Botánico. Por su coherencia, relieve, empleo frecuente de la lengua catalana y proyección en los "Paisos Catalans" podemos designarla como "Escuela Catalana", o posiblemente mejor "Grupo de Oriol de Bolós". Simétricamente, el núcleo originario de Madrid, hoy disperso en el resto de la geografía española, podría designarse como "Escuela Castellana", o mejor "Grupo de Rivas Goday".

En el grupo formado alrededor de O. de Bolós -que cuenta desde hace 30 años con el apoyo permanente del experto fitosociólogo e importante botánico sistemático que es J. Vigo- hay que relacionar además: J. Vives, J. Molero Briones, X. Llimona, R. Folch, R. Massalles, T. Perdigó, J.M. Monserrat, A. Romo, J. Ninot, E. Carrillo y otros. El núcleo original de Madrid, tras la Guerra Civil, estuvo formado en la Facultad de Farmacia por Rivas Goday y Bellot. Ambos trabajaron ilusionados y publicaron juntos durante aquellos difíciles años cuarenta hasta que Bellot, más joven, consiguió la Cátedra de Botánica de la Universidad de Santiago. Nada más llegar a Galicia inició Bellot el estudio fitosociológico de la región y la formación de discípulos en esa disciplina y en Botánica Sistemática, halló pronto en B. Casaseca el discípulo, compañero y amigo que requería la magna empresa de situar a Santiago al nivel del resto de los centros de investigación botánica española partiendo prácticamente de la nada, cosa que lograron gracias a su tesón y bien hacer. Uno y otro continuaron sus quehaceres botánicos fecundos. En Madrid el maestro y en Salamanca el fiel discípulo. En el núcleo de Bellot (Santiago y Madrid) hay que relacionar además: R. Alvarez, G. Dalda, M.E. Ron y S. Castroviejo; en el núcleo de Casaseca (Salamanca): J. Fernández Díez, E. Rico, F. Amich.

Otro de los antiguos discípulos de Rivas Goday que tuvo que partir de la nada cuando consiguió por oposición una Cátedra en Sevilla (1966) fue Emilio Fernández Galiano quien, a la formación recibida durante los largos años que colaboró con mi padre, añadió la Edafológica en la Cátedra de J.M. Albareda y la Geobotánica con Dansereau en Canadá. Cuando emprendió la difícil empresa de formar en Sevilla un equipo de investigación tuvo la fortuna de contar pronto con Benito Valdés, formado a la sazón en taxonomía en Inglaterra por V.H. Heywood y con S. Talavera, jóvenes entonces que muy pronto contarían por méritos propios entre los más cualificados botánicos sistemáticos de nuestro país, circunstancia que viene corroborada por el amplio y valioso plantel de botánicos formados allí así como por la reciente publicación de la espléndida "Flora de Andalucía occidental". Las tareas fitosociológicas, aunque bastante menos intensas, no fueron relegadas del todo en Sevilla y la antorcha que portaba Galiano desde Madrid fue pasada con todo honor primero a B. Cabezudo y luego a J. Ribera. Trasladado a la Facultad de Ciencias de Madrid, cuando yo ocupé la Cátedra de Farmacia tras la jubilación de mi padre, siguió apoyando el grupo sevillano y organizando uno nuevo en Madrid, cosas ambas que consiguió antes de su jubilación, dada la capacidad intelectual y de gestión que acredita.

Muy próximo y grato de comentar con brevedad es el grupo canario creado por Wolfredo Wildpret. Compañero de estudios universitarios, con las mismas aficiones científicas y similares actitudes éticas, ensoñamos juntos cuando jóvenes el desarrollo político y cultural de España. Aquello selló a perpetuidad nuestra amistad, la suya siempre algo paternal hacia mi, a pesar de la corta diferencia de edad. Nuestros primeros pasos con Tüxen en Alemania los dimos también juntos. Recuerdo bien que gracias a su vasta cultura lingüística y a su generosidad conmigo, pude aprender no pocas cosas que en lengua alemana recibíamos de aquellos maestros de Stolzenau; todavía en una Alemania en la que se veían pueblos y ciudades arrasados por la guerra. La suerte me condujo al camino fácil, a él al arduo. Cuando hace treinta años comenzó en la universidad tinerfeña de La Laguna sólo tenía un paquete de tizas para explicar la clase de Botánica; hoy existe un departamento ejemplar, en el que trabaja una quincena de profesionales altamente cualificados que cubren todas las especialidades botánicas allí necesarias. En ese equipo de fitosociológos creado por Wildpret se pueden relacionar: P.L. Pérez de Paz, A. Santos, J.R. Acebes, E. Barquín, M. del Arco, O. Rodríguez y A. García Gallo.

Fernando Esteve primero en Granada y luego en Alcalá y José Mansanet en Valencia, ambos desaparecidos irremediablemente, representan un enriquecimiento algo tardío, pero importante, para la Botánica universitaria española, fruto de su irreductible afición y de la elevada calidad científica de sus conocimientos botánicos. Discípulos externos de mi padre, con el que colaboraron activamente de "corresponsales", como a él le gustaba decir, dejaron una huella imborrable no sólo por el valor de sus obras sino muy en especial por la calidad científica de sus discípulos, hoy en buena parte profesores universitarios de prestigio innegable y muchos con un curriculum vitae admirable. Entre los fitosociólogos formados o dirigidos por Esteve hay que señalar: López Guadalupe, J. Fernández Casas, A. Asensi, J.M. Martínez Parras, B. Díaz Garretas, M. Peinado y F. Valle. Y entre los promocionados por Mansanet: G. Mateo y A. Aguilella.

En cuanto a mi persona, que por turno toca ahora comentar como final de la generación veterana, poco puedo decir ya que al verme desde dentro carezco de cualquier perspectiva. No obstante, sí puedo narrar que mi carrera universitaria y las responsabilidades administrativas coyunturales me llevaron a peregrinar de un lado a otro, obligándome a dejar discípulos, amigos y proyectos. Mirando hacia atrás me pesan sobre todo dos cosas: lo mucho que he dejado a medio hacer y los discípulos que tuve que abandonar o malatendí, cuando acaso todavía pude haberles sido útil. En la lista de los que en Barcelona o en Madrid dieron conmigo los primeros pasos botánicos y fitosociológicos, que luego acrecentaron ellos mismos y lo han acreditado en sus publicaciones, puedo enumerar: M. Costa, C. Sáenz, A. Crespo, C. Arnaiz, J. Loidi, J.M. Moreno, P. Cantó, P. Cubas, M. Gutiérrez Bustillo, C. Pardo, G. Navarro, D. Sánchez Mata, V. de la Fuente, L. Sancho, J.A. Molina & J. Pizarro. Además, a pesar de que sus tesis doctorales fueron dirigidas por otros compañeros que menciono entre paréntesis, tanto por la ilusión que siempre puse en su formación cuanto por razones afectivas mías deseo adicionar a: J. Izco (Rivas Goday), T.E. Díaz (Mayor), J.A. Prieto (Mayor), A. Penas (T.E.Díaz), A. Asensi (Esteve), F. Valle (Esteve), J. Molero (Losa), J. Fernández Casas (Esteve), A. Santos (Wildpret), E. Barreno (Crespo), F. Alcaraz (Llimona) y F. Fernández González (Izco). Por último quiero destacar el hecho impar de haber contado durante treinta años, en todo momento, con la eficaz ayuda, aguda crítica y leal colaboración científica de mi amigo y compañero Manuel Costa.

Con mi persona, como he indicado, termina la relación de los botánicos fitosociólogos veteranos que se formaron desde el final de la reiniciación al comienzo de la época de la dispersión, período de consolidación que finaliza en los albores de la década de los ochenta, coincidiendo con el fallecimiento de los maestros Braun-Blanquet, Rivas Goday y Tüxen. Durante estos últimos quince años y gracias al esfuerzo de todos los anteriormente citados, hay casi dos centenares de fitosociólogos activos en nuestro país lo que asegura un fecundo porvenir. En el último período, el de la difusión, en el que nos encontramos, parece necesario distinguir la década de los ochenta y la de los noventa. Con los ochenta se iniciaron las Jornadas de Fitosociología, los grupos territoriales de trabajo y también la multiplicación de los profesores numerarios en las universidades. Ya al final de los ochenta eran maestros y directores de investigación fitosociológica en España: O. Bolós, J. Vigo y R. Masalles en Barcelona; M. Costa y E. Barreno en Valencia; F. Alcaraz en Murcia; F. Valle y J. Molero en Granada; A. Asensi, B. Díaz Garretas y B. Cabezudo en Málaga; F. Fernández González, C. Navarro, L.G. Sancho y D. Sánchez Mata en Madrid; W. Wildpret, A. Santos y P.L. Pérez de Paz en Tenerife; A. Penas en León; M. Ladero, C. Valle y F. Amich en Salamanca; J. Izco y J. Amigo en Santiago; J.A. Fernández Prieto y T. Díaz en Oviedo; L. Llorens en Palma de Mallorca; M. Peinado en Alcalá y J. Loidi en Bilbao.

La década de los noventa está siendo para todos los botánicos y en especial para los fitosociólogos de gran avance y madurez. Estos años están marcados por hitos tan importantes como las Jornadas de Fitosociología, las Itinera Geobotánica y el macroproyecto de los hábitats de la Directiva Europea, donde oficialmente el lenguaje fitosociológico braunblanquetista pasa a ser el común para la Biodiversidad fitocenótica, su conservación y gestión.

En lo que a mí respecta, lo digo ya sin amargura, comencé la década con una profunda crisis personal derivada de lo que yo entendía como incomprensión y poca sensibilidad de la Administración y de algunos valiosos colegas de otras disciplinas, hacia nuestras ciencias e investigaciones. El prolongado discurso dialéctico que mantuve como miembro de la primera comisión de evaluadores de los tramos de la investigación científica en el área de las Ciencias de la Tierra me dejó bastante agotado. Ver escatimar o minorar el valor científico de colegas veteranos que habían realizado con gran escasez de medios notables aportaciones en la investigación y en el desarrollo de la Universidad en la década de los 60, ver desdeñar lo publicado por otros más jóvenes en las revistas científicas españolas, o marginar el uso de nuestras lenguas castizas, me condujo a un acusado escepticismo. Aquel esfuerzo de raciocinio, que se prolongó durante más de tres meses, dio sus frutos y felizmente el resultado de la evaluación no fue demasiado malo para un buen número de los compañeros de mi área, también hay que reconocerlo gracias a la postrera comprensión y mejor disposición tanto de los miembros de la comisión como del Ministerio. Otro hecho que potenció mi escepticismo coyuntural fue la participación en esas fechas en la comisión de los nuevos planes de estudio de mi Facultad donde vi que tras la reforma universitaria que teóricamente trataba de favorecer el pluralismo y el trabajo en equipo, la realidad era un notable incremento de individualismo y un anteponer los intereses departamentales a los más globales de las Facultades y Universidades. En resumen, en el comienzo de la década de los noventa casi todo resultó antitético a mis ideas y quehaceres. Como mi natural es optimista pensé que ya vendrían tiempos mejores. También pensé que me sería saludable pasar una larga temporada en el exterior. La obtención de una beca de Movilidad del Personal Investigador durante un año, que luego pude continuar con otro año sabático complutense, por llevar 25 años de profesor en tal Universidad, me permitieron trasladarme a investigar a Estados Unidos lo que me sanó casi de inmediato devolviéndome la ilusión y la confianza de nuevo en mis viejas ideas y planteamientos científicos, naturalmente adecuadamente rejuvenecidos. Fruto de esa crisis superada fue la decisión de intentar realizar en un plazo de seis años una nueva clasificación bioclimática y biogeográfica de la Tierra. En esa comprometida pero apasionante aventura intelectual es donde ahora me hallo.

Tan difícil como ha sido hacer comentarios históricos, resulta tratar de compendiar las circunstancias que permitieron la consolidación de la Fitosociología en España. Aun a riesgo de errar mucho en el diagnóstico se me ocurre enumerar como esenciales los siguientes hechos:

  • Realización de más de un centenar de tesis doctorales sobre flora y vegetación de amplios territorios de España. 
  • Multiplicación de las Universidades y de las plazas de Catedrático y de Profesor Titular en los distintos campos de la Biología Vegetal, con acceso de numerosos jóvenes botánicos muy competentes en Sistemática y Fitosociología. 
  • Publicación de más de un millar de trabajos de calidad sobre vegetación. 
  • Creación de nuevas revistas de esta especialidad. 
  • Rápido flujo de la información y desarrollo de ciencias fronterizas como Biogeografía, Bioclimatología, Sinfitosociología, etc. 
  • Trabajos en equipos multirregionales y multinacionales, con amplios debates científicos teóricos y prácticos.

Pero pienso que aun habiendo sido determinantes las razones expuestas, el auténtico secreto ha sido la cordialidad entre todos, el flujo generoso de la información, el respeto hacia el colega y hacia el discrepante y, probablemente en buena medida, la alegría del quehacer común.

Para terminar citaré una máxima que aprendí durante mi época de Catedrático en la Universidad de Barcelona en la que además sigo creyendo "Entre tots ho farem tot o no farem res". De todo corazón, muchas gracias. Biotz biotzes eskerrik asco.

Glosario geobotánico

Asociación. f. Unidad fundamental y básica de la Fitosociología . Se trata de un tipo de comunidad vegetal que posee unas peculiares cualidades florísticas (especies características o diferenciales propias o una combinación precisa de especies características de mayor rango estadísticamente fieles), ecológicas, biogeográficas, sucesionales, históricas o antropógenas. A su conocimiento se llega mediante el estudio comparativo de los individuos de asociación o inventarios (realidad concreta de la tipología), en los que se anota y cuantifica la composición florística y demás caracteres ecológicos y geográficos de una comunidad vegetal homogénea particular. La toma del inventario de asociación es la operación más importante de la investigación fitosociológica. Las asociaciones de composición florística, estadio, biótopo y hábitat semejantes o vicariantes se pueden reunir en tipos o unidades de rango superior (alianzas, órdenes, clases).

Bioclimatología.f. Disciplina que estudia la relación entre el clima y los seres vivos. Biocenosis. f. Unidad bioestructural y ambiental de los ecosistemas. Está formada por las comunidades de organismos (fitocenosis y zoocenosis), espacio que ocupan (biótopo) y ambiente mesológico donde prosperan (hábitat). [Fitocenosis + Zoocenosis + Biótopo + Hábitat].

Biócora. m. Territorio y ambiente que ocupa una biogeocenosis u holócena. Puede considerarse como la biogeocenosis sin las comunidades de organismos.

Biogeocenosis. f. Bioestructura y ambiente de los ecosistemas terrestres, es decir la expresión de las biocenosis de la geobiosfera. Están constituidas por las comunidades de organismos vegetales y animales, su biótopo y su hábitat. Comunidades de organismos terrestres + biótopo + hábitat. Como sinónimos se puede emplear holócena y biogeócena. Es práctica habitual de los ecólogos botánicos terrestres sistematizar las biogeocenosis en base a sus comunidades vegetales (fitocenosistemas o asociaciones), así como a sus peculiares factores mesológicos y distribución geográfica. De este modo la vegetación y su entorno pasan a ser el sustento primordial de su tipología en el contexto de las Ciencias de la Tierra. La validez de esta forma de operar, en el ensayo de una modelización de los biomas a través de la biodiversidad de sus comunidades vegetales, está amparada por el éxito de su capacidad de predicción y de la afinada jurisdicción eco-geográfica de tales unidades; obviamente si bien estructuradas, definidas y comprobadas. La base filosófica de estos asertos, comprobados por los hechos, ha sido sintetizada no ha mucho por V.B. Sotchava (Some axioms of vegetation science - Biogeographica 16: 5- 18 1979) en diversos axiomas: territorialidad, sucesionabilidad, jerarquibilidad, dimensionabilidad, etc.).

Biogeografía. f. Disciplina que estudia las causas de la distribución y localización de las especies y biocenosis en la Tierra. Asimismo, teniendo en cuenta las áreas actuales y pretéritas de táxones y sintáxones, así como la información procedente de otras ciencias de la Naturaleza (Geografía física, Edafología, Bioclimatología, etc.) trata de establecer una tipología o sistemática de los territorios emergidos del planeta, cuyas unidades en orden jerárquico decreciente son: reino, región, provincia, sector, distrito y tesela.

Bioindicador. adj. m. Se dice tanto de táxones como de sintáxones que pueden ser utilizados para poner de relieve propiedades del medio o unidad de lugar. Por extensión puede hablarse de bioindicadores geográficos , climáticos, edáficos, etc. Los bioindicadores fitocenóticos son los táxones (Fitosociología clásica) característicos o diferenciales. Se utiliza también como sustantivo.

Bioma. m. Amplio conjunto de ecosistemas terrestres delimitado por un macroclima, biocenosis y ecofunción peculiares, donde el hombre puede haber intervenido en mayor o menor grado. Son, por tanto, una expresión tipológica de los ecosistemas terrestres y aúnan biogeocenosis, ecofunción y uso del hombre. [Fitocenosis + Zoocenosis + Biótopo + Hábitat + Ecofunción + Hombre].

Biosfera. f. Capa delgada de la superficie terrestre en la que se hallan confinados los fenómenos vitales. Se puede distinguir entre la geobiosfera o espacio principalmente aéreo (ambiente de los ecosistemas terrestres o biomas, es decir, directamente en contacto con la tropopausa) y la hidrobiosfera o espacio principalmente acuático (ambiente de los ecosistemas acuáticos, es decir inmersos en mares, ríos y lagos). Geobiosfera + Hidrobiosfera.

Biótopo. m. Espacio, área o lugar ocupado por una comunidad de organismos o por alguno de sus elementos constituyentes. Puede ser ecológicamente homogéneo o estar formado por un conjunto de residencias en vecindad.

Catena. f. Conjunto de comunidades vegetales contiguas ordenadas en función de algún factor ecológico cambiante (temperatura, humedad, topografía, etc.). Es la concreción paisajística del fenómeno de la zonación. Su adjetivo es catenal.

Clima. m. Síntesis estadística de los meteoros atmosféricos de un territorio acaecidos durante un largo periodo de tiempo (20-30 años), Los datos meteorológicos más utilizados en bioclimatología son la temperatura y la precipitación y en menor medida la humedad relativa y el viento. En base a los valores de los parámetros climáticos se distinguen climas cálidos, fríos, áridos, lluviosos, continentales, etc.

Clímax. f. Etapa final de equilibrio en la sucesión geobotánica. Comunidad vegetal o fitocenosis que representa territorialmente la etapa de máximo biológico estable. Se puede emplear también como expresión de una fitocenosis madura y como la etapa final o asociación estable de una serie de vegetación. Su adjetivo es climácico.

Comunidad. f. Poblaciones de diferentes organismos que coexisten e interaccionan en un determinado biótopo y hábitat. La ciencia que trata de ellas es la Cenología (fito- y zoo-).

Comunidad vegetal. f. Conjunto más o menos homogéneo de plantas pertenecientes a distintos táxones, que ocupan un biótopo y hábitat determinados. La frase tanto puede emplearse para designar individuos de asociación bien definidos y caracterizados como para denominar tipos de vegetación poco diferenciados y de valor fitosociológico impreciso. Se emplea a veces como sinónimo de fitocenosis, asociación o para designar cualquier sintaxon.

Dominio climácico. m. Area en la que una asociación vegetal climatófila ejerce real o virtualmente la función de climax. Habida cuenta su habitual diversidad pluriteselar, se pueden reconocer unidades de menor rango más homogéneas.

Ecofunción. f. Proceso propio de los sistemas biológicos abiertos autorregulados (feed-back), por el que la materia producida (output) afecta positiva o negativamente a lo que entra (input). En otras palabras, la entrada constante en el biosistema de energía y sustancias desde fuera, metabolizadas en su interior, afecta y regula todo el conjunto de la biocenosis. Por tanto, la regulación funcional o metabólica no es exclusiva de los organismos, sino un rasgo común a todos los sistemas abiertos (Bertalanfty, L. - 1972. General Systems Theory, New York).

Ecología. f. Ciencia que estudia las biocenosis y su ecofunción (ecosistemas); es decir las interacciones de los organismos entre si, las comunidades que constituyen, ambiente donde se integran (hábitat), espacio que ocupan (biótopo), así como su regulación respecto al medio en que se hallan en la biosfera (ecofunción). [Biocenosis (comunidades de organismos + hábitat + biótopo) + Ecofunción].

Ecosistema. m. Sistema biológico abierto autorregulado constituido por la biocenosis y por los procesos funcionales de su interacción o ecofunción. [Biocenosis + Ecofunción].

Estación. f. Véase hábitat. Conjunto de factores mesológicos que actúan en una localidad geográfica o biótopo y configuran una determinada comunidad vegetal. Con sentido análogo se emplea hábitat.

Estadio. m. En Geobotánica designa a cada una de las estructuras claramente delimitables en el proceso de la sucesión. Como sinónimo se emplea etapa.

Etapa serial. f. En Geobotánica sucesionista se aplica a cualquier comunidad, asociación o estadio que sustituye (subserial) o antecede (preserial) a la clímax. Como sinónimo se emplea etapa de sustitución.

Faciación de vegetación. f. Unidad elemental de la Fitosociología integrada (ciencia del paisaje vegetal) de rango inferior a la serie de vegetación. Trata de designar el conjunto de estadios o comunidades vegetales que pertenecen a teselas íntimamente relacionadas por unos precisos factores ecológicos, es decir, representa tipos de vegetación ligados por la sucesión y el medio. La faciación suele corresponder a una sinsubasociación o subsigmetum. Para denominarla, tras el nombre de la serie, deben añadirse los epítetos geográficos, ecológicos o florísticos más significativos del medio.

Fitosociología. f. Ciencia ecológica que estudia las biocenosis desde una perspectiva botánica (fitocenosis o fitosintáxones). En otras palabras, se ocupa de las comunidades vegetales, de sus relaciones con el medio y de los procesos temporales que los modifican. Con toda esta información, a través de un método inductivo y estadístico, basado en la realidad del inventario fitosociológico de vegetación, trata de crear una tipología jerárquica universal en la que la asociación es la unidad básica del sistema taxonómico. Hoy distinguimos, además de la Fitosociología clásica o braunblanquetista (nivel de asociación), la fitosociología dinámico-catenal o paisajista en la que sus unidades son la serie o sigmetum (Fitosociología dinámica o sucesional) y el geosigmetum o geoserie (Fitosociología catenal).

Formación. f. Conjunto de comunidades vegetales propio de un amplio territorio, delimitado en primer lugar por la fisionomía resultante de la organización espacial conferida por las formas biológicas (biótipos) de las plantas predominantes y correspondientes al estadio maduro de la serie o clímax, pero que tiene en cuenta criterios florísticos, climáticos, edáficos, biogeográficos, paleohistóricos, antropógenos y catenales. Concebida la formación de este modo, se aúnan la tradición fisionómico-ecológica continental-europea desde Grisebach a Rübel y los criterios sucesionistas norteamericanos de Clements, lo que permite aproximarla además a los conceptos de biogeocenosis y bioma. También es factible, en los territorios bien estudiados con el método fitosociológico de Braun-Blanquet, utilizar las asociaciones sigmatistas como unidades diagnósticas elementales. En cualquier caso, la formación es un macromodelo geobotánico ecléctico, que puede ser definido al amparo de cualquier aproximación ecológica seria. Geobotánica. f. Ciencia de la relación entre la vida vegetal y el medio terrestre (biosfera). Con el mismo significado puede utilizarse el término Ecología Vegetal. Como ciencias afines o derivadas más destacables se pueden citar: Fitosociología, Biogeografía, Bioclimatología y Edafología.

Geosigmetum. m. Denominado también geosigmasociación o geoserie, es la unidad básica de la Fitosociología integrada o paisajista (Geosinfitosociología). Trata de ser la expresión fitosociológica catenal y sucesionista de la ciencia del paisaje vegetal. Se construye con los sigmetum o series de vegetación contiguas, es decir tanto con las etapas maduras como con sus estadios o comunidades vegetales seriales, delimitados, delimitados por una unidad fitotopográfica de paisaje (valles, llanuras, crestas, turberas, ríos, etc.) dentro de una misma unidad biogeográfica (distrito o sector).

Hábitat. m. Ambiente o conjunto de factores mesológicos (luz, clima, suelo, etc.), en los que se desarrolla una biocenosis. Se puede utilizar como sinónimo de estación.

Medio. m. Suma de factores que integran una unidad de lugar. Hay que distinguir entre medio geográfico, en cuanto físico, que trata de la configuración del lugar, y medio estacional, como la suma de los factores ecológicos naturales que inciden y condicionan dicho lugar. El medio antropógena sería el profundamente modificado por el hombre y sus actividades.

Nicho. m. Espacio ocupado y papel desempeñado por una población en un biótopo.

Ombroclima. m. Parte del clima que se refiere a las lluvias o precipitaciones. La cantidad de lluvia que cae en una localidad se expresa en litros por metro cuadrado o en milímetros de altura, que son en mismo número.

Piso bioclimático. m. Cada uno de los tipos o grupos de medios que se suceden en una cliserie altitudinal o latitudinal. Se delimitan en función de los factores termoclimáticos (termotipos) y ombroclimáticos (ombrotipos) cambiantes, a cada uno de los cuales corresponden determinadas comunidades vegetales. Aunque el fenómeno de la zonación tiene valor universal, cada región o grupo de regiones biogeográficas afines posee sus peculiares pisos bioclimáticos, en los que existen comunidades vegetales de estructura y composición florística particulares que se han denominado cinturas o pisos de vegetación.

Piso de vegetación. m. Cada uno de los complejos de comunidades vegetales o series de vegetación que se escalonan en una cliserie altitudinal. Así, en la cliserie de los Alpes, en el seno de cada piso bioclimático: alpino, subalpino, montano y colino se reconocen, según sean sus peculiaridades edáfficas, climáticas o históricas, distintos tipos de cinturas o grados de vegetación caracterizados cada uno por unas comunidades vegetales y flora propias.

Población. f. Conjunto de individuos de la misma especie que conviven en un mismo lugar y tiempo. Sus rasgos principales son: su nicho, tamaño, crecimiento, competitividad, etc.

Serie de vegetación. f. Unidad geobotánica que trata de expresar todo el conjunto de comunidades vegetales o estadios que pueden hallarse en unos espacios teselares afines como resultado del proceso de la sucesión. Lo que incluye tanto el tipo de vegetación representativo de la etapa madura o cabeza de serie como las comunidades iniciales o subseriales que le reemplazan. Concebida de este modo, la serie de vegetación resulta ser sinónima de asociación o sigmetum, unidad básica de la Fitosociología dinámica o Sinfitosociología. Si integramos a una serie sus contiguas, es decir, si tenemos en cuenta además de la sucesión el fenómeno catenal -por ejemplo, las series climatófilas y edafófilas que pueden hallarse en contacto-, estamos delante de otra unidad más compleja que se denomina geoserie, geosinasociación o geosigmetum, unidad elemental de la Fitosociología catenal o Geosinfitosociología. La ciencia del paisaje vegetal o Fitosociología integrada o paisajista tiene por el momento tres posibles aproximaciones y métodos de trabajo según el fin perseguido: a) la de las asociaciones: Fitosociología clásica o braunblanquetista, b) la de las series o sigmetum: Sinfitosociología, c) la de las geoseries: Geosinfitosociología. Para la correcta denominación de una serie de vegetación, sinasociación o sigmetum se debe construir una frase diagnóstica que indique ordenadamente, además de los factores ecológicos y geográficos más significativos (a: termotipo climático; b: biogeografía; c: ombrotipo; d: afinidades edáficas; etc.) y la especie dominante o cabeza de serie de la comunidad madura. Cabe distinguir entre las series climácicas o climatófilas, es decir, las que se inician y ubican en suelos que sólo reciben el agua de lluvia (dominios climácicos) y las edafófilas, que se hallan en suelos especialmente secos o acuáticos. Como unidades de rango inferior a la serie pueden emplearse las subseries y las faciaciones de vegetación, como superiores las macroseries e hiperseries (sigmion, sigmetalia, sigmetea). Como expresión catenal de series que se hallan en contacto y se sustituyen en función de un gradiente ecológico (humedad, topografía, etc.) dentro del mismo distrito o sector corológico se emplea el término de geoserie, que se hace sinónimo de geosigmetum.

Sigmetum. m. Unidad tipológica de la Fitosociología dinámica o Sinfitosociología. Trata de ser la expresión sucesionista de una serie de vegetación o dominio climácico, es decir, de un territorio homogéneo geográfica y ecológicamente en el que una asociación ejerce la función de clímax. Se denomina también sinasociación o serie de vegetación.

Sintaxon. m. En la sistemática de las comunidades vegetales o taxonomía fitosociológica (sintaxonomía) cualquiera de los rangos o tipos que se reconocen. La unidad básica es la asociación, que se designa por una combinación latina de dos especies de entre las más representativas que existen en su seno, añadiendo la terminación -etum al radical del nombre genérico que figura en segundo lugar, en tanto que el primer género se termina por una vocal de unión; los epítetos específicos se declinan en genitivo (Código de Nomenclatura Fitosociológica). Unidades de rango superior a la asociación son: subalianza (-enion), alianza (-ion), suborden (-enalia), orden (-etalia), subclase (-enea), clase (-etea); de rango inferior: subasociación (-etosum), variante y facies.

Sucesión. f. Proceso natural por el que se sustituyen unas comunidades vegetales o estadios por otros dentro de la misma unidad de lugar o tesela. Puede hablarse de sucesión progresiva -la que conduce hacia el óptimo estable o climax- y de sucesión regresiva la contraria (regresión; etapas subseriales). El proceso: progresivo y regresivo no sigue necesariamente las mismas etapas.

Taxon. m. En la sistemática de los seres vivos o taxonomía biológica cualesquiera de los rangos o tipos que se reconocen. La unidad básica de esta tipología es la especie, designada por un binomen latino o combinación (genérico-específica). Unidades de rango principal superior son: género, familia, orden, clase y división, y las de rango inferior: subespecie, variedad y forma.

Tesela. f. Unidad elemental de la Biogeografía. Se trata de un territorio o superficie geográfica, de mayor o menor extensión, homogéneo ecológicamente. Lo que quiere decir que sólo posee un tipo de vegetación potencial y por consiguiente una sola secuencia de comunidades de sustitución.

Vegetación potencial. f. Comunidad vegetal estable que existiría en un área dada como consecuencia de la sucesión progresiva si el hombre dejase de influir y alterar los ecosistemas. En la práctica se considera a la vegetación potencial como sinónimo de clímax e igual a la vegetación primitiva (aún no alterada por el hombre). No obstante se debe distinguir entre vegetación potencial climatófila y las correspondientes a las series edafófilas (comunidades permanentes).

Zonación. f. Fenómeno ecológico por el que debido a factores mesológicos gradualmente cambiantes (aumento o disminución de temperatura, humedad o trofía del suelo, relieve, etc.), las comunidades vegetales se disponen de un modo ordenado y contiguo en función de tal gradiente. La expresión concreta es la catena (agrupación de teselas o macroteselas en vecindad).

Zonobioma. m. Bioma delimitado por unos amplios y peculiares caracteres climáticos, edáficos y de vegetación zonal (clímax). Walter, creador del término y de este importante concepto, reconoce en la geobiosfera nueve zonobiomas con sus correspondientes zonas climáticas, cuyas áreas adyacentes ambiguas las denomina zonoecótonos. Las montañas elevadas, aunque climáticamente reunidas en una sola unidad en toda la tierra (zona climática de montaña), las trata como "orobiomas" particulares dentro de los territorios delimitados por sus nueve zonobiomas. Asimismo, en las estaciones edáficas excepcionales con vegetación azonal, reconoce los "pedobiomas"; que a su vez designa por el factor edáfico preponderante como litobiomas (suelos rocosos), psammobiomas (suelos muy arenosos), halobiomas (suelos salinos), hidrobiomas (suelos cubiertos de agua), peinobiomas (suelos pobres en nutrientes), etc.. Zonobioma = Vegetación zonal + Macroclima + Suelo zonal.