La Fitosociología en España (Read Speech)

Salvador Rivas-Martínez - Dr.H.C.Bilbao 1.995


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Excmo. y Magnífico Sr. Rector, Excmo. Sr. Lehndakari, Dras., Dres. del Claustro Universitario, Sras. y Sres.

Sean mis primeras palabras de agradecimiento al Departamento de Biología Vegetal y Ecología, a su Director el Prof. Javier Loidi Arregui y a la Facultad de Ciencias, por haberme enaltecido en grado sumo al proponerme como Doctor Honoris Causa. También quiero expresar mi gratitud a la Junta de Gobierno de la Universidad del Pais Vasco y a su Rector Magnífico el Prof. Juan José Goiriena de Gandarias.

Sobre cuales hayan podido ser los méritos para que acceda a este gran honor, por más que reflexiono no los hallo, salvo aquellos que puedan derivarse de una circunstancia ajena: el afecto que inmerecidamente me profesan algunos claustrales presentes. No pienso que pueda ser tenido como mérito, sino como privilegio, el que desde joven mostrase interés botánico por el País Vasco, ya que lo heredé de mi padre.

Este lance tan emotivo en que me encuentro, hace que reviva aquellos largos veranos de mi niñez y adolescencia transcurridos en Deva y Zarautz. Vienen a mi memoria los apacibles paisajes de prados, manzanos y argomales de nuestras meriendas camperas; los viejos amigos y amigas de Eibar, Bilbao, Logroño y Pamplona; la música del quiosco de la plaza, las misas dominicales, las partidas de frontón, mis chapas del Atletic de Bilbao y los partidos de fútbol en la playa las mañanas de bajamar. También, con añoranza, recuerdo a mi madre, siempre vigilante y orgullosa de sus cinco hijos. Y sobre todo, a mi padre aquellos meses de su agosto vacacional, al que acompañaba casi todas las tardes en su peregrinar estudioso de la vegetación del Pais Vasco, y que a veces como premio terminaban con unas sabrosas sardinas en Guetaria, que él acompañaba con el entonces ácido chacolí.

Aunque por profesión posea el amplio y honroso título de botánico, en realidad, a lo que preferentemente he dedicado mis estudios e investigaciones es a la Fitosociología. Por ello, tendrán que disculpar que a ella me refiera.

La Fitosociología es una ciencia joven, aún no centenaria, emanada de la Geobotánica y por tanto, una parte de la Ecología o ciencia de los ecosistemas. La Fitosociología, en concreto, se ocupa del estudio de las biocenosis desde una perspectiva botánica; es decir, de las comunidades vegetales, de sus relaciones con el medio y de los procesos temporales que las modifican. Con toda esta información, a través de un método inductivo y estadístico basado en la realidad del inventario fitosociológico de vegetación, trata de crear una tipología jerárquica universal en la que la asociación es la unidad básica del sistema.

La asociación corresponde a un tipo concreto de comunidad vegetal que posee, además de determinadas cualidades mesológicas y precisa jurisdicción geográfica, unas peculiaridades florísticas expresadas en especies características y diferenciales propias, estadísticamente fieles a ciertas residencias ecológicas de un biótopo dado, en un momento estructuralmente estable de la sucesión. A su conocimiento se llega mediante el estudio comparado de los individuos de asociación o inventarios, única realidad concreta de la tipología, en los que se anota y cuantifica la de una comunidad vegetal homogénea particular. La toma del inventario de asociación es la operación más importante de la investigación fitosociológica. Las asociaciones de composición florística, estadio, biótopo y hábitat semejantes se pueden agrupar en unidades de rango superior : alianzas, órdenes y clases. Como se ha dicho, la asociación representa la unidad tipológica básica del sistema y el individuo de asociación o inventario la única realidad concreta; en otras palabras la sola referencia tangible de la sintaxonomía. Si se me permite hacer una analogía conceptual el inventario es para la Fitosociología lo que el ejemplar y su descripción representan para la especie en la taxonomía biológica.

El desarrollo de las Ciencias de la Naturaleza ha sido una constante durante las últimas décadas. Tal vez más que el descubrimiento de nuevos hechos y la descripción de nuevas especies pretéritas o vivientes, el interés se ha ido decantando hacia el conocimiento de las leyes naturales que rigen la distribución de la Biodiversidad y hacia planteamientos globales en estas Ciencias. Tampoco los aspectos ecofuncionales han sido ajenos a la creciente atención científica en estos campos. El cambio de actitud ha dado como resultado un notable avance epistemológico, la aparición o redefinición de nuevas disciplinas ecológicas híbridas y, sobre, todo una destacable clarificación terminológica y conceptual. Como elementos retardatarios de este innegable progreso, que debería ser fruto de reflexión, pueden enumerarse: la limitada atención que en los estudios preuniversitarios y universitarios se está confiriendo a las Ciencias Naturales, a la Geografía y a las lenguas clásicas, y, paradójicamente, la mitificación de las posibilidades de los programas informáticos que, en determinados grupos de jóvenes investigadores, está acarreando pereza mental, sumisión y falta de creatividad.

Si hacemos hoy un ejercicio sintetizador de los conceptos naturalistas y ambientales, deberíamos definir la Ecología como la ciencia que estudia las biocenosis y su ecofunción, lo que no es otra cosa que el estudio de los ecosistemas. Las biocenosis serían las unidades bioestructurales y ambientales de los ecosistemas y estarían formadas por las comunidades de organismos (fitocenosis y zoocenosis), por los espacios que ocupan o biótopos y por los hábitat o ambientes mesológicos donde prosperan.

El concepto ruso de biogeocenosis sería similar al de biocenosis, pero sólo representaría la bioestructura y ambiente de los ecosistemas terrestres; es decir, su expresión en la geobiosfera. Con pocos retoques entraríamos en el concepto norteamericano de bioma; se trataría de amplias biogeocenosis estructurales y funcionales utilizadas por el hombre de un modo extensivo tradicional. De la mano de estos biomas entraríamos en modelos reales como la tundra, la taiga, el bosque deciduo, la sabana, la selva ecuatorial etc.; es decir, en el mundo de lo concreto.

Otro aspecto ecológico, que tal vez mereciese la pena deslindar y comentar sucintamente por sus importantes implicaciones investigadoras, políticas y de gestión del territorio, sería la necesidad de distinguir al menos tres grandes espacios o ecosistemas terrestres de uso y jurisdicción antitética: los ecosistemas naturales y seminaturales, los rurales y los urbano-industriales; cada uno de ellos acreedor de atención por parte de expertos diferentes. Los ecosistemas naturales y seminaturales, dada su compleja biodiversidad y variabilidad, deberían ser patrimonio científico preferente de los Naturalistas, término éste en desuso frente a otros como biólogo, geólogo, ecólogo, botánico, etc.., pero que convendría rescatar por su tradición y enjundia. Los ecosistemas rurales, dado su interés económico inmediato en la producción de alimentos y materias primas, tendrían que ser el escenario de la atención científica preferente de la ingeniería agrícola, forestal y zootécnica. Por último, los ecosistemas urbano-industriales, por la obvia problemática humana y económica que conllevan, serían el área científica primordial de urbanistas, arquitectos y técnicos industriales. Cada uno de estos grandes espacios de intereses múltiples requiere investigaciones y gestiones específicas. Por desgracia, la frecuente confusión y mezcolanza en estos temas, arbitrados por políticos, gestores y científicos de intereses contrapuestos, tiende a perjudicar la parte más débil que obviamente resulta ser la de los ecosistemas naturales y seminaturales, que es la que al final cuenta con menores atenciones e inversiones.

La situación no pasaría de ser anecdótica si no confluyesen dos circunstancias importantes. La primera es que el futuro de la humanidad, de la salud y de la calidad de vida, está en gran medida condicionada por el mantenimiento incólume, o en ocasiones por la recreación, de estos grandes recursos que representan las biocenosis. La segunda es que, si bien existe un compromiso político internacional recientemente plasmado en la Conferencia de Río de Janeiro de 1.992, de conservar la Biodiversidad, y que en nuestro caso queda reforzado por la legislación de la Unión Europea, todavía el horizonte conservacionista en nuestro país permanece incierto.

De entre las propuestas sugeridas para el estudio de la vegetación y de sus asociaciones o estructuras repetitivas con información catalogable -en base a la concepción que presintió e hilvanó Humboldt en el primer tercio del siglo diecinueve - hay que destacar en primer lugar, las clasificaciones fisionómico-ecológicas con base florística. A estos ensayos geobotánicos de gran trascendencia, cuyo paradigma es la formación vegetal, podrían referirse los nombres de sus más preclaros creadores como Grisebach, Schimper, Rübel, Brockmann- Jerosch, Huguet del Villar, Schmid, y otros más. Todos esos trabajos representan una parte esencial del contenido epistemológico de la Ciencia de la Vegetación y de la Fitosociología actuales.

El concepto de formación, como se ha dicho, ha variado bastante desde que Grisebach lo introdujera en 1838 con un sentido esencialmente fisionómico. En el Congreso Internacional de Botánica de Bruselas de 1910 ya se definió la formación como "expresión de determinadas condiciones de vida, organizada por asociaciones que se diferencian en su composición florística, pero que coinciden en las condiciones estacionales y en sus formas biológicas". Las Escuelas Fitogeográficas del primer tercio de este siglo fueron las que más enfatizaron en los valiosos criterios sucesionistas. Así la Comisión Inglesa de Vegetación definió la formación como "una serie de etapas naturales del desarrollo de la vegetación en una estación dada", y, poco después, Clements, en Estados Unidos, llamó formación- clímax a "la unidad fisionómica final en el proceso de sucesión". En el momento actual puede considerarse la formación como un "conjunto de comunidades vegetales propio de un amplio territorio, delimitado en primer lugar por la fisionomía resultante de la organización espacial conferida por las formas biológicas (biotipos) de las plantas predominantes correspondientes al estadio maduro de la serie o clímax, que tiene en cuenta, además, criterios florísticos, climáticos, edáficos, biogeográficos, paleohistóricos, antropógenos y catenales".

Concebida la formación de este modo, se aúnan las tradiciones fisonómico-ecológicas continentales europeas desde Grisebach a Rübel con las sucesionistas angloamericanas, lo que permite aproximarla a los conceptos recientes de biogeocenosis y bioma. También es factible, en los territorios bien estudiados por el método fitosociológico de Braun-Blanquet, utilizar las asociaciones sigmatistas como unidades diagnósticas elementales. En cualquier caso, la formación es un macromodelo geobotánico ecléctico y sólido que puede ser definido al amparo de cualquier aproximación fitogeográfica seria.

Entre las clasificaciones de las formaciones vegetales de la tierra que han tenido más éxito y aceptación general, pueden destacarse las de Diels, Brockmann-Jerosch y Rubel, y, más recientemente, con el apoyo de la UNESCO, la de Ellenberg y Mueller-Dombois.

A principios de este siglo, por influencia de Flahault, fue consagrado el término de asociación como una comunidad de composición florística determinada que debía poseer una fisionomía y composición biotípica peculiares. Los trabajos de Braun-Blanquet y de sus discípulos fueron aportando gran cantidad de información geobotánica en base florística, que hizo posible que el concepto de asociación se emplease internacionalmente desde el Congreso Internacional de Amsterdam en 1935, para las comunidades definidas por sus especies características y diferenciales. Tras el éxito inicial de la escuela de Zürich-Montpellier, que es sinónimo de Fitosociología braunblanquetista, se abrió el camino fecundo en el que estamos y que ha ido desarrollando e integrando otros conceptos dinámicos, corológicos, climáticos, históricos, etc. La evolución de la Fitosociología en estos últimos lustros ha sido importante. Sobre todo por haber ido incorporando información procedente de áreas científicas adyacentes. También ha influido sin duda en su desarrollo el haber participado en planteamientos multidisciplinares y en la búsqueda de soluciones a problemas metodológicos, sucesionales, climáticos, biogeográficos, funcionales y cartográficos.

Tras la avalancha de numerosas investigaciones analíticas y sintéticas sobre comunidades vegetales, biótopos y hábitats, acaecidas en las últimas décadas, se ha ido haciendo cada vez más necesario ensanchar la base doctrinal y ensayar modelos más globalizadores, para poder seguir avanzando en estas áreas de la ciencia. La Fitosociología ha ido incorporando, como bagaje científico imprescindible en el análisis y descripción de la vegetación, muchos conocimientos propios de otras ciencias y especialidades como la Biosistemática, Geomorfología, Edafología, Climatología, Ecofisiología, etc. El incremento del acervo científico de la Fitosociología ha dado como resultado la aparición de modelos más sólidos y predictivos así como nuevas formulaciones en ciencias fronterizas o híbridas como la Biogegrafía, la Bioclimatología, la Ecología del Paisaje, y otras.

Con todo ello, como ocurre siempre en el árbol frondoso e inagotable de la ciencia, la confluencia de savias y ramas hace que surjan ramúsculos nuevos que si se cuidan adecuadamente llegan a hacerse vigorosos e independientes, merced a la aparición de un lenguaje científico propio, fruto inevitable de los conocimientos nuevos que se acuñan.

Aunque sea con brevedad voy a referirme a algunos avances conceptuales acecidos en nuestra ciencia. Hoy, además de la Fitosociología clásica o braunblanquetista que se ocupa en primer lugar de las asociaciones vegetales, se reconoce la Fitosociología dinámico-catenal o paisajista, cuyas unidades elementales son la serie de vegetación o sigmetum en lo dinámico y la geoserie de vegetación o geosigmetum en lo catenal.

El sigmetum trata de ser la expresión sucesionista de un dominio climácico; es decir, de un territorio homogéneo geográfica y ecológicamente en el que una asociación ejerce la función de clímax. Esta unidad geobotánica ecléctica, propuesta de ese modo por mí hace poco más de una década, representa a todo el conjunto de comunidades vegetales o estadios que pueden hallarse en unos espacios teselares afines como resultado del proceso de sucesión tanto regresiva como progresiva. Lo que incluye el tipo de vegetación representativo de la etapa madura o cabeza de serie y las comunidades iniciales o subseriales que la reemplazan, al tiempo que abarca tanto las diversas residencias o biótopos ocupados por las comunidades de organismos presentes como los ambientes mesológicos que configuran sus hábitats.

Cabe distinguir entre estas series las climatófilas, es decir, las que se inician y se ubican en suelos que sólo reciben el agua de lluvia (dominios climácicos), y las edafófilas que se hallan en suelos especialmente secos o húmedos. Como unidades sinfitosociológicas de rango inferior a la serie pueden emplearse subseries y faciaciones, como superiores las macroseries, megaseries e hiperseries (sigmion, sigmetalia, sigmetea).

Si integramos a una serie sus contiguas, es decir si tenemos en cuenta además de la sucesión el fenómeno catenal -por ejemplo, las series climatófilas y edafófilas que pueden hallarse en contacto- estaremos delante de otra unidad más compleja que hemos denominado geosigmetum. El número de geosigmetum que puede reconocerse en un territorio cualquiera, estará como es lógico en función del relieve, de la naturaleza de los suelos, del clima y de la ubicación geográfica. Sin embargo, todo este conjunto se puede reducir idealmente a un modelo general universalizable que sería el de: cresta, ladera y valle. Tal marco topográfico elemental permite destacar los tres aspectos edáficos más generales de cualquier catena. El más xérico coincide con las crestas o zonas más elevadas, el más húmedo, que siempre resulta ser el valle o las zonas más deprimidas, y el situado entre ambos, o intermedio, que corresponde a lo que denominamos ladera o llano.

El agua de lluvia por gravitación tiende a desplazarse hacia los valles tanto por ecorrentía como por percolación, creando con ello una secuencia de humedad creciente en los suelos por aporte lateral. Al mismo tiempo, la erosión hídrica debida a la lluvia favorece la disgregación y arrastre de partículas y solutos hacia abajo, lo que incrementa el espesor y trofía de los suelos hacia los pié de monte y los valles.

En el marco elemental descrito - que naturalmente se puede diversificar mucho según sea la escabrosidad del relieve, la litología y composición de los suelos - es donde se ubican armónicamente las fitocenosis y donde se producen los fenómenos sucesionales tendentes a equilibrar el biosistema. Así, la distribución de la vegetación va desde la más resistente a la xericidad que ocupa las crestas y los suelos más secos (series edafoxerófilas) a la más exigente en humedad que se sitúa en los valles y depresiones (series edafohigrófilas); quedando la intermedia en aquellos espacios más acordes con lo estrictamente aportado por las lluvias a lo largo del año (series climatófilas). Podría pensarse que todos los tipos de vegetación ubicados en esos medios, sólo antagónicos en lo que al balance hídrico del suelo se refiere, hubiesen tenido un origen sincrónico en el territorio, así como que su estabilidad o resistencia fuese similar frente a los cambios climáticos que de un modo rápido y permanente se están produciendo en nuestras latitudes durante el Holoceno. Tal idea de estabilidad global de los geosigmetum está muy alejada de toda realidad, ya que esa unidad, independientemente de su posible alteración por causas naturales o antropozoicas, reacciona y se modifica de forma muy distinta según sean las tendencias climáticas en cada época.

Todo geosigmetum alberga tipos de vegetación no sólo antitéticos en sus exigencias hídricas sino también biocenosis muy diversas en la cronología de su aparición y poblamiento del territorio. A grandes rasgos puede postularse que las comunidades edafoxerófilas corresponden a épocas o avances de los climas secos y las edafohigrófilas a lo contrario. La asunción de estos hechos faculta para realizar múltiples disquisiciones e interpretaciones y permite plantear en la Fitosociología dinámico-catenal dos hechos esenciales. Uno sería que cualquier territorio abrupto bien conservado, por lo tanto poseedor de geosigmetum peculiares y diversos, tiene recursos biocenóticos suficientes para hacer frente él mismo a los cambios climáticos ómbricos que pudiesen producirse, en base a la simple cesión y desplazamiento mediato de aquellas especies y tipos de vegetación higrófilos o xéricos más acordes con la nueva situación climática aparecida. Obviamente, la misma capacidad restauradora con mecanismos similares se produciría en los cambios termoclimáticos, si bien en estos casos serían las especies y comunidades de las series climatófilas de los geosigmetum contiguos en las cliseries latitudinales o altitudinales las que se desplazarían.

Otro aspecto a tener muy en cuenta es la vecindad vegetacional en las catenas de los geosigmetum, es decir, cuál es en cada caso la vegetación edafoxerófila o edafohigrófila adyacente en cada nivel estructural equivalente. Aunque el fenómeno de las modificaciones en la vegetación a causa de los cambios climáticos es universal, los elementos vivos que se intercambian tienen jurisdicción geográfica y bioclimática precisa lo que permite que, del estudio comparado de las catenas de amplios territorios, se puedan inferir con cierta facilidad los paleoclimas y las fronteras actuales y pretéritas. Con ello se abre la posibilidad de utilizar ventajosamente esta información en el afinamiento de los modelos que ahora usamos en Bioclimatología y Biogeografía, puesto que aunque sabíamos que la distribución y combinación de las fitocenosis en la tierra no era aleatoria sino regida desde siempre por factores ecológicos mensurables, ahora tenemos la posibilidad tanto de precisar sus fronteras como, lo que es más apasionante, formular modelos teóricos según se supusiera que fuesen los cambios climáticos en el futuro.

Como es de rigor recordar en el estudio de la naturaleza y de los seres vivos, la ciencia sólo se concreta en los artefactos taxonómicos que la inteligencia humana emplea para transcribir y fijar sus conocimientos empíricos o experimentales en un sistema comprensible, generalizable y transferible. Pero como los juguetes intelectuales que son los modelos creados por las ciencias han resultado útiles para el desarrollo de la humanidad, se han convertido en objetos irremplazables y relativamente inmunes a la irracionalidad.

La Fitosociología en España

Para relatar de un modo cronológico y sucinto el desarrollo de la Fitosociología en España tal vez convenga tratar por separado cada uno de los períodos que se me ocurre pueden distinguirse, así como destacar algunos hitos significativos:

  1. Iniciación de 1925 hasta el final de la Guerra Civil de España. 
  2. Reiniciación de 1940 hasta la X Excursión Internacional de Fitogeografía en 1940.
  3. Consolidación de 1954 hasta el fallecimiento de S. Rivas Goday, R. Tüxen y Braun-Blanquet. 
  4. Difusión desde 1981 hasta nuestros días.

El primer período (1925-1939) fue el del encuentro con Braun-Blanquet. Los primeros pasos se debieron a Font Quer desde Barcelona.

La excursión de la Asociación Internacional de Fitosociología en la Pascua de 1935, dirigida por Braun- Blanquet, tuvo lugar en Cataluña bajo la hospitalidad de Font Quer. A ésta acudieron muchos fitosociólogos notables de la época, entre los que cabe destacar al entonces joven de 36 años Reinhold Tüxen, que tanta influencia ejercería décadas más tarde en la Fitosociología española. El primer botánico de nuestro país que estuvo una temporada con Braun- Blanquet en la SIGMA de Montpellier fue González Albo, recién licenciado con una beca de la Junta de Ampliación de Estudios. A su vuelta a Madrid inició sus estudios fitosociológicos en la Sierra de Guadarrama y en la Mancha de donde era oriundo; pero lo más destacable fue su publicación en 1934, en las Reseñas Científicas de la Real Sociedad de Historia Natural, del trabajo "Introducción al estudio de la Sociología Vegetal según el método de Braun-Blanquet". El que pudo haber sido primer discípulo de Braun en España quedó anulado como consecuencia de la tragedia de la Guerra Civil.

La segunda época que denomino la reiniciación (1940- 1953) fue prácticamente volver a empezar, aunque la semilla estaba echada. Los años de la guerra europea y del bloqueo subsiguiente (1939-48) fueron dos lustros de grandes penurias económicas, pero para los que trabajaban entonces fueron también años de estudio, reflexión y aprendizaje del solar hispano. Se rehicieron las pocas universidades de entonces y se crearon algunos centros de investigación nuevos en el CSIC, que luego repercutirían positivamente en nuestra ciencia. Apenas una decena de botánicos interesados en la Geobotánica y en la Fitosociología acrecentaron las bases que habían existido y empezaron a publicar trabajos de valor. Entre los protagonistas de aquella época de concordia - además de Pio Font Quer, maestro indiscutido en todos los campos, cabe mencionar a Ceballos, Losa, Guinea, Rivas Goday y Bellot, a los que es necesario añadir algunos farmacéuticos que colaboraban eficazmente con ellos tales como: Antonio de Bolós, Laza, Calduch y Borja. Podemos decir sin exageraciones que nunca tan pocos hicieron tanto.

Con el paso de la década de los cuarenta aparecieron nuevos jóvenes fitosociológos: Monserrat y Oriol de Bolós en Barcelona, Galiano en Madrid y Casaseca en Santiago, formados respectivamente por Losa, Font Quer, Rivas Goday y Bellot. La amistad de Font Quer con Braun-Blanquet y su ascendiente sobre el joven Oriol permitieron que éste trabajara con Braun en el Valle del Ebro y así surgió ese maridaje que convirtió muy pronto al estudioso y reflexivo Bolós en uno de los fitosociólogos más cultos de Europa. Sus distintas publicaciones, entre las que destaco "El paisaje vegetal barcelonés" (1962), "Botánica y Geografía" (1963) y "Comunidades vegetales de las comarcas próximas al litoral situadas entre los ríos Llobregat y Segura" (1967), fueron esenciales para mi formación y opino que cuentan entre las que han favorecido más el sólido avance conceptual y descriptivo de la Fitosociología moderna.

La apertura de las fronteras y el inicio de la recuperación española dio pie de nuevo a las relaciones internacionales. Los congresos luso-españoles y los internacionales de Botánica permitieron los contactos personales con los botánicos y fitosociólogos del resto del mundo y recomenzar a interesarse por el quehacer ajeno.

En el Congreso Internacional de Stockholm en 1950, Rivas Goday presentó el trabajo "Essai sur les climax dans la Péninsule Ibérique", una interesante síntesis ecléctica, a medio camino entre el sistema geobotánico de Schmid y la Fitosociología de Braun-Blanquet. Algunos años más tarde me relataba Tüxen que mientras escuchaban la disertación de mi padre, Braun y él ya estaban acordando una estrategia para llevarlo hacia la Fitosociología pura. La treta no fue otra que introducirle de inmediato en el ambiente sigmatista y comprometerle para que organizase en España el año 1953 la X Excursión Internacional de Fitogeografía.

La IPE del verano del 53, en la que participaron todos los botánicos fitosociólogos españoles profesionales de la época, organizada por Rivas Goday, marca lo que estimo el comienzo de la tercera época, el de la consolidación de la moderna Fitosociología en España. Tal efemérides coincidió con lo que creo es la obra magna y de madurez de la Botánica española: el "Diccionario de Botánica de Font Quer", que entre otros muchos efectos beneficiosos, ha terminado con la "Torre de Babel" interior, y ha consolidado, dignificado y proyectado fuera de nuestras fronteras la cultura botánica española.

En aquellos años mi padre comprendió bien la filosofía botánica del sistema de Braun, a la sazón muy enriquecido conceptual y metodológicamente por Tüxen y los fitosociólogos alemanes, sobre todo en lo que respecta a la vegetación potencial, comunidades permanentes y etapas de sustitución. Su estrategia para conocer tales avances en lo que a él respecta, botánico teórico-práctico de amplísimos conocimientos sistemáticos y vasta cultura naturalista, fue seguir como siempre con la lectura reflexiva de los textos originales y con la experimentación en el campo. Fueron años de frenesí en la toma de inventarios a lo largo de todo el país, con Borja y conmigo casi adolescente, estimulando y visitando a sus corresponsales: Esteve, Mansanet y Rigual. A sus discípulos jóvenes de entonces: Galiano, Wildpret y yo, nos empujó o casi nos obligó a salir de España, ha aprender ortodoxia con los maestros, como él decía. Gracias a tal orientación estuvimos muy pronto con Braun-Blanquet y sobre todo con Tüxen en Alemania en la Zentralstelle für Vegetationskartierung, Instituto del Bundestag, para la cartografía fitosociológica de la Alemania en recuperación. Prácticamente todos los veranos desde el 55 al 62 estuve en Stolzenau donde tuve la suerte de trabajar en el campo con Tüxen, Lohemeyer, Trautmann, Oberdorfer y Seibert, y conocer a una buena parte de los fitosociólogos y fitogeógrafos de aquellas épocas. Tan "malas compañías" pronto nos convirtieron en lo que mi padre deseaba que fuésemos "ortodoxos" en metodología y en los nuevos conceptos fitosociológicos; porque él con su permanente ironía siempre se mantuvo ecléctico y heterodoxo, como fueron sus orígenes; circunstancia que afortunadamente ha impregnado para bien, a todos los que honrosamente podemos decir que pertenecemos a su escuela. A parte de los ya mencionados, en primera generación directa, hay que nombrar a F. Esteve, A. Rigual, J. Mansanet, M. Mayor, C. Sáenz, M. López, J. Izco, M. Ladero, M. Costa, E. Valdés Bermejo, E. Fuertes, G. López, C. Navarro y A. Velasco.

En Barcelona, el núcleo fitosociológico tiene adecuada amplitud y continuidad a través de Oriol de Bolós. Se ubicó en la Facultad de Ciencias y en el Instituto Botánico. Por su coherencia, relieve, empleo frecuente de la lengua catalana, proyección en los "Paisos Catalans" podemos designarla como "Escuela Catalana", o Grupo de Oriol de Bolós", hoy constituido por más de una veintena de fitosociológos de alto nivel. Simétricamente, el núcleo originario de Madrid, hoy disperso en el resto de la geografía española, podría designarse como "Escuela Castellana", o mejor "Grupo de Rivas Goday".

Muy próximo y grato de comentar con brevedad es el grupo canario creado por Wolfredo Wildpret. Compañero de estudios universitarios, con las mismas aficiones científicas y similares actitudes éticas, ensoñamos juntos cuando jóvenes el desarrollo político y cultural de España. Aquello selló nuestra amistad, la suya siempre algo paternal hacia mi, a pesar de la corta diferencia de edad. Nuestros primeros pasos con Tüxen en Alemania los dimos también juntos. Recuerdo bien que gracias a su vasta cultura y a su generosidad, pude aprender no pocas cosas que en lengua alemana recibíamos de aquellos maestros de Stolzenau; todavía en una Alemania en la que se veían pueblos y ciudades arrasados por la guerra. La suerte me condujo al camino fácil, a él al arduo. Cuando hace treinta años comenzó en la universidad tinerfeña de La Laguna sólo tenía un paquete de tizas para explicar la clase de Botánica; hoy existe un departamento ejemplar, en el que trabaja una quincena de profesionales altamente cualificados que cubren todas las especialidades botánicas allí necesarias.

En cuanto a mi persona, que por turno toca ahora comentar como final de la generación veterana, poco puedo decir ya que al verme desde dentro carezco de cualquier perspectiva. No obstante, sí puedo narrar que mi carrera universitaria y las responsabilidades administrativas coyunturales me llevaron a peregrinar de Barcelona a Madrid y de Ciencias a Farmacia, obligándome a dejar discípulos, amigos y proyectos. Mirando hacia atrás me pesan sobre todo dos cosas: lo mucho que he dejado a medio hacer y los discípulos que tuve que abandonar o malatendí, cuando acaso todavía pude haberles sido útil.

Aquí termina la relación de los botánicos fitosociólogos veteranos que se formaron desde la reiniciación al comienzo de la época de la difusión. Gracias al esfuerzo de los que se formaron en las décadas de los sesenta y setenta, hoy existen dos centenares de botánicos con grandes conocimientos de Fitosociología lo que asegura un fecundo porvenir en nuestro país.

En el último período, en él que nos encontramos, él de la difusión, parece necesario distinguir la década de los ochenta y la de los noventa. Con los ochenta se iniciaron las Jornadas de Fitosociología, los grupos territoriales de trabajo, las investigaciones en Africa y America y también la multiplicación de los profesores numerarios en las universidades. Los últimos diez años están siendo para todos los botánicos y en especial para los fitosociólogos de gran avance y madurez. Estos años están marcados por hitos tan importantes como: la consolidación de la Asociación Española de Fitosociología y la creación de la Federación Internacional, los proyectos de Cooperación Europea; las Itinera Geobotánica y los hábitats de la Directiva Comunitaria, donde oficialmente el lenguaje fitosociológico braunblanquetista ha pasado a ser el común para la Biodiversidad fitocenótica, su conservación y gestión.

En lo que a mí respecta, lo digo ya sin amargura, comencé la década actual con una profunda crisis personal derivada de lo que yo entendía como incomprensión y poca sensibilidad de la Administración y de algunos valiosos colegas de otras disciplinas, hacia nuestras ciencias e investigaciones. La controversia dialéctica que mantuve como miembro de la primera comisión de evaluadores de la investigación científica en el área de las Ciencias de la Tierra me dejó bastante agotado. Ver escatimar o minorar el valor científico de colegas veteranos que habían realizado con gran escasez de medios notables aportaciones en la investigación y en el desarrollo de la Universidad en la década de los 60, ver desdeñar lo publicado por otros más jóvenes en las revistas científicas españolas, o marginar el uso de nuestras lenguas castizas, me condujo a un acusado escepticismo. Aquel esfuerzo de raciocinio, que se prolongó durante más de tres meses, dio al final algunos frutos y el resultado de la evaluación no fue demasiado malo para un buen número de los compañeros de mi área, también hay que reconocerlo gracias a la postrera comprensión y mejor disposición tanto de los miembros de la comisión como del Ministerio.

Como mi natural es optimista pensé que ya vendrían tiempos mejores. También pensé que sería saludable pasar una larga temporada "oxigenandome" en el exterior. La obtención de una beca de Movilidad del Personal Investigador durante un año, que luego pude continuar con otro año sabático complutense, por llevar 25 años de profesor en tal Universidad, permitieron trasladarme a investigar a Estados Unidos lo que me sanó casi de inmediato y me devolvió la ilusión y la confianza en mis viejas ideas y planteamientos científicos, por supuesto adecuadamente rejuvenecidos. Fruto de esa crisis superada fue la decisión de intentar realizar en un plazo no mayor de seis años una nueva clasificación bioclimática y biogeográfica de la Tierra. En esa comprometida pero apasionante aventura intelectual es donde ahora me hallo, afortunadamente muy ayudado en el empeño por muchos amigos y compañeros, algunos aquí presentes.

Tan difícil como ha sido hacer comentarios históricos, resulta tratar de compendiar las circunstancias que permitieron la consolidación de la Fitosociología en España. Aun a riesgo de errar mucho en el diagnóstico se me ocurre enumerar como esenciales los siguientes hechos:

  • Realización de más de un centenar de tesis doctorales sobre flora y vegetación de amplios territorios de España. 
  • Multiplicación de las Universidades y de las plazas de Catedrático y de Profesor Titular en los distintos campos de la Biología Vegetal, así como la aparición de disciplinas fitosociológicas en los Planes de Estudio. 
  • Publicación de varios centenares de trabajos de calidad sobre vegetación. 
  • Creación de nuevas revistas de esta especialidad. 
  • Incremento de las relaciones internacionales e investigaciones en otros continentes. 
  • Rápido flujo de la información y desarrollo de ciencias fronterizas. 
  • Y, también, numerosos trabajos en equipos multirregionales y multinacionales, con amplios debates científicos teóricos y prácticos.

Pero pienso que aun habiendo sido determinantes las razones expuestas, el auténtico secreto ha estado en la cordialidad entre todos, el flujo generoso de la información, el respeto hacia el colega y hacia el discrepante y, probablemente en buena medida, la alegría del quehacer común.

Para terminar citaré una máxima que aprendí durante mi época de Catedrático en la Universidad de Barcelona en la que además sigo creyendo "Entre tots ho farem tot o no farem res". De todo corazón, muchas gracias. Biotz biotzes ezkerrik asko.