Geobotánica y Climatología (Read Speech)

Salvador Rivas-Martínez - Dr.H.C.Granada 1.996


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Excmo. y Magnífico Sr. Rector, Dras. y Dres. del Claustro Universitario, Sras. y Sres.

Deseo que mis primeras palabras sean de agradecimiento a los amigos y compañeros del Departamento de Biología Vegetal, por haberme honrado en grado sumo al proponerme como Doctor Honoris Causa de su Universidad, y a la Junta de Gobierno de la Universidad de Granada y a su Rector Magnífico el Prof. Lorenzo Morillas Cuevas, por haberme concedido tan gran distinción. Así mismo, quiero expresar público testimonio de admiración y afecto a mis amigos los Profesores Joaquín Molero y Francisco Valle, con los que he tenido la fortuna de compartir muchas experiencias investigadoras y humanas.

Tras reflexionar sobre cuales hayan podido ser los merecimientos para la obtención de este privilegio doctoral, sólo encuentro los subjetivos que puedan derivarse del entusiasmo y admiración que desde jóven me ha producido el mundo vegetal andaluz. Pero ese mérito, deseo transmitírselo a mi padre y maestro, fugaz catedrático de esta Universidad en el año 1.942, ya que fué de su mano sabia y generosa, como descubrí y aprendí la complejidad y la armonía de los paisajes vegetales de Andalucía, y quien también me hizo contraer un sempiterno afecto y solidaridad hacia todo lo que representa esta tierra.

Dada mi condición de Profesor universitario, sé muy bien por experiencia propia y ajena, el tiempo y el esfuerzo investigador que requiere la obtención del grado de doctor en cualquier Universidad española. Como se me ha honrado tanto con la concesión del doctorado de honor por esta Universidad, voy a intentar justificarme ante el Claustro, presentando como es de rigor un trabajo de investigación, sobre el que voy a disertar muy brevemente.

El trabajo, que se resume en el folleto que publica la Universidad con motivo de este acto, versa en primer lugar sobre conceptos básicos en Geobotánica, para a continuación discutir algunas razones científicas que me impulsaron a realizar una nueva clasificación bioclimática de la Tierra, y por último, aprovechar esta oportunidad para dar a conocer algún resultado inédito de estos seis años de trabajo, en concreto presentar la primera aproximación del mapa bioclimático de Europa, a escala 1:10.000000, que se incluye como anexo.

Geobotánica es el nombre tradicional de la ciencia que trata de la relación entre la vida vegetal y el medio terrestre. Con el mismo significado se utiliza el término Ecología Vegetal. Por el avance de estos cometidos científicos han ido surgiendo otras disciplinas y ciencias afines como la Ecología, Fitosociología, Biogeografía, Bioclimatología, etc., que a pesar de tener nombres distintos comparten y asolapan una buena parte de sus contenidos y quehaceres investigadores. Hay que tener en cuenta que el desarrollo de las Ciencias de la Naturaleza ha sido una constante en las últimas décadas.

El interés científico se ha ido decantando, más que hacia el descubrimiento de nuevas especies, hacia el conocimiento de las leyes naturales que rigen la distribución de la biodiversidad en la tierra, así como hacia planteamientos globales en estas ciencias. Los aspectos ecofuncionales tampoco han sido ajenos a la creciente atención científica en estos campos. El cambio de actitud ha dado como resultado un notable avance epistemológico, la aparición o redefinición de nuevas disciplinas ecológicas híbridas y, sobre todo, una clarificación terminológica y conceptual importante.

Hoy se define la Ecología como la ciencia de los ecosistemas, es decir la que estudia las biocenosis y su ecofunción. Las biocenosis, en su acepción más clásica, representan las unidades bioestructurales y ambientales de los ecosistemas. Están organizadas por las comunidades de organismos vegetales y animales, el biótopo o espacio físico que ocupan, y el habitat o ambiente mesológico donde prosperan.

Por sus importantes implicaciones investigadoras y de gestión del territorio, convendría desde un principio distinguir en la tierra tres grandes espacios o ecosistemas terrestres de uso y jurisdicción antitéticos: los ecosistemas naturales, los rurales y los urbano- industriales. Los ecosistemas naturales y seminaturales, por su compleja biodiversidad son patrimonio científico de los Naturalistas, término globalizador, hoy en desuso frente a otros como: biólogo, geólogo, geógrafo, ecólogo o botánico, que convendría rescatar por su tradición, enjundia y neutralidad. Los ecosistemas rurales, habida cuenta el gran interés económico que tienen en la producción de alimentos y ciertas materias primas, deberían ser el escenario preferente de la ingeniería agrícola, forestal y zootécnica, por último los ecosistemas urbano- industriales, por su obvia importancia humana y económica serían el área primordial de técnicos industriales y urbanistas.

La Fitosociología es una ciencia ecológica emanada de la Geobotánica que estudia las biocenosis desde una perspectiva botánica. En otras palabras, se ocupa de las comunidades vegetales, de sus relaciones con el medio y de los procesos temporales que los modifican. Con toda esa información, trata de crear una tipología jerárquica universal en la que la asociación séa la unidad básica del sistema taxonómico. Hoy se distingue, además de la Fitosociología clásica o braunblanquetista (cuya unidad es la asociación), la Fitosociología dinámico-catenal o paisajista (cuyas unidades son la serie o sigmetum, la geoserie o geosigmetum, los microsigmetum y los microgeosigmetum). Por ello parece oportuno definir sucintamente cada una de esas unidades elementales.

La unidad fundamental y básica de la Fitosociología es la asociación. Corresponde a un tipo de comunidad vegetal que posee unas determinadas cualidades mesológicas, una precisa jurisdicción geográfica, y unas especies características y diferenciales propias, estadísticamente fieles a ciertas residencias de un hábitat concreto, en un momento estructuralmente estable de la sucesión. A su conocimiento se llega mediante el estudio comparado de los elementos de asociación o inventarios, única realidad objetiva del sistema, en los que se anota y cuantifica la de una comunidad vegetal homogénea particular. La toma del inventario es la operación más importante de la investigación fitosociológica. Las asociaciones de composición florística, estadio, hábitat y biogeografía semejantes, se pueden agrupar en unidades de rango superior; que se denominan alianzas, órdenes y clases.

La unidad tipológica de la Fitosociología dinámica es el sigmetum. Trata de ser la expresión sucesionista de una serie de vegetación o dominio climácico, es decir, de un territorio homogéneo en su geografía y ecología, en el que una asociación ejerce la función de clímax. Se denomina también sinasociación o serie de vegetación. El sigmetum, en la versión propuesta por mí hace poco más de una década, representa a todo el conjunto de comunidades vegetales o estadios que pueden hallarse en unos espacios teselares afines como resultado del proceso de sucesión, tanto regresiva como progresiva. Lo que incluye: el tipo de vegetación representativo de la etapa madura o cabeza de serie, las comunidades iniciales o subseriales que la reemplazan, las residencias ocupadas por las comunidades existentes y los factores mesológicos que configuran sus hábitats.

Si a una serie de vegetación o sigmetum integramos sus contiguas, es decir, si tenemos en cuenta además de la sucesión el fenómeno catenal, estaremos delante de otra unidad más compleja que hemos denominado geosigmetum o geoserie. Trata de ser la unidad básica de la Fitosociología integrada, al tiempo que la expresión fitosociológica de la ciencia del paisaje vegetal. Se construye con los sigmetum adyacentes que pueden hallarse en la misma unidad fitotopográfica de paisaje en el marco de un territorio biogeográfico concreto.

El número de geosigmetum que puede reconocerse en un territorio dependerá del relieve, de la naturaleza de los suelos, del clima y de la ubicación geográfica. No obstante, todo ese conjunto puede reducirse idealmente a un modelo general universalizable que es el de: cresta-ladera- valle. Tal marco topográfico elemental permite destacar los tres aspectos geomorfológicos y edáficos más generales en cualquier catena. El más xérico coincide con las crestas o zonas más elevadas, el más húmedo siempre resulta ser el valle o las zonas más deprimidas, en tanto que el situado entre ambos, corresponde a lo que denominamos ladera o llano. El agua de lluvia por gravitación tiende a desplazarse hacia los valles tanto por escorrentía como por percolación, creando con ello una secuencia de humedad creciente en los suelos por aporte lateral. Al mismo tiempo, la erosión hídrica debida a la lluvia favorece la disgregación y arrastre de partículas y solutos hacia abajo, lo que hace incrementar el espesor y trofía de los suelos hacia los pié de monte y los valles.

En el marco elemental descrito -que naturalmente se puede diversificar mucho según sea la escabrosidad del relieve, la litología y la composición de los suelos- es donde se ubican armónicamente las comunidades vegetales y donde se producen los fenómenos sucesionales tendentes a equilibrar el biosistema. La distribución de la vegetación en el modelo general cresta-ladera-valle, va desde la más resistente a la xericidad que ocupa las crestas y los suelos más secos (series edafoxerófilas), a la más exigente en humedad que se sitúa en los valles o depresiones (series edafohigrófilas); quedando la intermedia en aquellos espacios más acordes con lo estrictamente aportado por las lluvias a lo largo del año (series climatófilas).

Entre las unidades geobotánicas de reciente formulación en el campo de la Fitosociología Paisajista hay que destacar las microsigmasociaciones y los microgeosigmetum. Una microsigmasociación o microsigmetum es un tipo de vegetación que puebla teselas o complejos teselares muy afines de estaciones excepcionales como cornisas, cresteríos, cauces de aguas intermitentes, etc., en el que 1la sucesión hacia la teórica cabeza de la serie regional se halla bloqueada en algún estadio dinámico previo. El estudio de estas microsigmasociaciones debe realizarse con una metodología similar a la de las series de vegetación, pero considerando la comunidad dominante en equilibrio con los factores ambientales condicionantes, como la etapa madura de referencia.

Los microsigmetum son microcatenas vegetacionales que, por lo general, ocupan pocas decenas de metros cuadrados. Están delimitados por situaciones microtopográficas y edáficas excepcionales, que en un pequeño espacio, dan origen a gran número de residencias ecológicas o microteselas, pobladas por comunidades permanentes poco estratificadas, que parecen haber alcanzado su equilibrio dinámico. Por tales circunstancias, la referencia a las etapas maduras de los teóricos sigmetum regionales no es posible o resultaría ambigua. En general los microgeosigmetum corresponden a tipos de vegetación unistratos, ordenados en microcatenas en función de los parámetros mesológicos que los determinan. Las estaciones más favorables a la existencia de microcatenas vegetacionales son cantiles, turberas, ventisqueros, dunas, orillas de lagunas, lagunazos, surgencias de agua, etc. El estudio de estos conjuntos de comunidades permanentes en vecindad debe realizarse dentro de los límites geomorfológicos y estacionales que los han condicionado, procurando seguir el gradiente del factor ecológico causante. Para su jerarquización debe atenderse a la estación, a su ubicación biogeográfica y a sus caracteres bioclimáticos, además de a la fidelidad estadística de las comunidades vegetales que concurren, asi como a las posibles vicariancias con microcatenas similares en otros territorios.

Los bosques constituyen un tipo natural de la vegetación terrestre extendida por todos los continentes con la sola excepción de las zonas muy áridas o polares que están ocupadas por los semidesiertos, desiertos y glaciares. En general, representan la etapa madura, estable o clímax, en la sucesión ecológica, y son muy variables en su aspecto, hábitat y composición florística. La extensión de los bosques naturales se ha reducido notablemente en toda la tierra, debido a las actividades humanas, sobre todo por la utilización agrícola y ganadera de los territorios y por el empleo del recurso forestal para la obtención de madera y carbón vegetal.

Los bosques están formados por árboles, al menos en su estrato superior. En muchas ocasiones, por su proximidad y frondosidad, las copas se traban entre sí y forman un dosel superior contínuo dando origen a los llamados bosques cerrados o densos. En otras ocasiones, sobre todo en climas más secos, de un modo natural los árboles se hallan más separados o algo dipersos, por lo que no llegan a entrecruzar sus copas y, en consecuencia, el sotobosque es más luminoso dando lugar a los llamados bosques abiertos o arboledas.

Los bosques existentes en la tierra se han tratado de sistematizar atendiendo a criterios: morfológicos, sucesionales, florísticos, ecológicos, fitosociológicos, etc. Por su interés voy a mencionar algunas clasificaciones. En función de la naturalidad, o grado de alteración, puede distinguirse entre bosques primitivos o vírgenes, bosques primarios o potenciales y bosques secundarios o de sustitución.

Los bosques primitivos o vírgenes, son los que nunca han sido alterados por el hombre, bien porque rara vez ha accedido a ellos, o porque el grado de intervención humana ha sido siempre limitada y no han sido talados (a los sumo alguna pequeña entresaca ocasional). Por hallarse bien conservados mantienen su estado de equilibrio climácico, es decir, representan la etapa madura o clímax de la vegetación natural potencial primitiva. Es característico de estos bosques la existencia de árboles muy añosos, vivos o caidos, junto a otros más jóvenes, como resultado del dinamismo interno creado por la senescencia, muerte o abatimiento natural (por rayos, vendavales, etc.) de otros árboles. También suele ser habitual que se pueda transitar sin grandes dificultades por el sotobosque, que no suele ser muy denso, salvo por la presencia de los árboles caidos.

Los bosques primarios o potenciales, son aquellos que se encuentran en su óptimo climácico o en camino hacia él, en equilibrio con las actuales condiciones mesológicas que imperan en las estaciones donde vegetan. Si no han sido nunca explotados o talados por el hombre, los bosques primarios corresponden a los bosques primitivos o vírgenes; pero si han sido muy alterados o previamente talados por completo, cuando sobreviene su recuperación hacia su óptimo estable (a veces a través de un bosque secundario), en algunas ocasiones el equilibrio se alcanza en tipos de bosques distintos a los que existieron en el lugar como bosques primitivos. Estos casos son habituales cuando los bosques primitivos destruidos representan reliquias, comunidades permanentes, o estaban desarrollados sobre suelos que se han erosionado acusadamente. Por ello, aunque este fenómeno no resulte ser demasiado frecuente ni extenso a escala global, no pueden considerarse siempre como iguales los bosques primarios y los bosques primitivos.

Los bosques secundarios son claramente distintos a los primarios y a los primitivos: Aparecen de un modo natural como resultado de la sucesión secundaria, a partir de etapas subseriales preexistentes. En los climas húmedos es bastante frecuente que trás la destrucción del bosque primario por fuegos,avalanchas o talas abusivas, debido a la sucesión progresiva se alcance un aparente equilibrio a través de en un tipo de bosque de crecimiento rápido y madera blanda (preclímax o anteclímax), que tiene poco que ver con el bosque primario o primitivo (postclímax). Estos bosques secundarios, formados por árboles poco longevos, son reemplazados a su vez por los bosques primarios climácicos, debido a la paulatina entrada y desarrollo en su seno de las especies arbóreas características del bosque primario, de crecimiento más lento, mucho más longevas y que ya tienen maderas más pesadas y duras. Existen numerosos ejemplos; así en los territorios boreo- continentales norteamericanos, los bosques climatófilos primarios son aciculifolios de coníferas y corresponden a diversas asociaciones del orden Piceetalia glauco-marianae dominadas por especies de Picea y Abies, en tanto que los bosques secundarios son planocaducifolios y pertenecen a asociaciones del orden Betulo papyriferae - Populetalia tremuloidis presididas por especies de Betula y Populus. También en el Pirineo, en el piso altimontano silicícola húmedo, el bosque primario es un bosque de abetos de la asociación Goodyero-Abietum, en tanto que el secundario es un bosque deciduo de crecimiento rápido, perteneciente a la asociación Betulo carpaticae - Populetum tremulae, en el que son comunes serbales, avellanos, abedules y álamos temblones.

Atendiendo tanto a la fisonomía resultante de la organización espacial de las plantas predominntes en los bosques, como a los criterios bioclimáticos imperantes, pueden reconocerse y definirse los siguintes tipos fundamentales de formaciones fisonómico-ecológicas boscosas propias de la pezophytia: pluvisilva, hiemisilva, laurisilva, durisilva, aestisilva y aciculisilva. En los ecotonos de estas formaciones básicas pueden reconocerse también las intermedias o híbridas, entre ellas: pluvi- hiemisilva, pluvi-laurisilva, duri-aestisilva, aesti- aciculisilva, etc.

Las formaciones climatófilas pluvisilva y hiemisilva son exclusivamente tropicales. La pluvisilva es macro- megatérmica, húmedo-hiperhúmeda, sempervirente y carece de estación seca a lo largo del año (Iodý>3.0). La hiemisilva es meso-megatérmica, seco-subhúmeda, decidua, y muestra una estación seca durante el año. Como buenos ejemplos tenemos las selvas pluviales tropicales de la Amazonía, del Zaire o de Indonesia; y en la hiemisilva: la yungla monzónica decidua de las Indias Orientales, los bosques caducifolios del Cerrado brasileño o cerradao, y los bosques sabaneros espinosos decíduos, de copas aparasoladas, de Africa centroriental.

La laurisilva se halla tanto en los territorios lluviosos de bioclima tropical como en los templados macrotérmicos, pero en ambos casos carentes de una estación seca durante la época cálida del año. El bosque sempervirente, lustroso y planifolio, no posee las lianas de tronco grueso tan frecuentes en las pluvisilvas, y el sotobosque suele ser bastante denso, en general poco favorable para transitar. En las cinturas latitudinales ecuatorial y eutropical, ocupa principalmente las zonas mesotermas de las montañas (pisos meso y supratropical), en tanto que en las cinturas subtropical y bajotemplada se halla a nivel del mar o en altitudes poco elevadas. Buenos ejemplos de bosques de laurisilva son las yungas andinas de nieblas y los bosques subtropicales o bajotemplados lauroides de China.

Las formaciones esencialmente extratropicales son: durisilva, aestisilva y aciculisilva. La durisilva clásica corresponde a bosques de clima mediterráneo pluviestacional cuyo denominador común es la existencia de un largo periodo estival con déficit hídrico. En general, se trata de macro y mesobosques planifolios esclerofilos, provistos de un sotobosque bastante denso de arbustos y estrepanolianas de tallos delgados. Ejemplos característicos son los bosques esclerófilos, termo y mesomediterráneos subhúmedos, de encinas y alcornoques del suroeste de Europa y noroeste de Africa. También representa un buen modelo de durisilva el "monte verde" termomediterráneo de las Islas Canarias, formado esencialmente por árboles endémicos de la familia lauráceas, tal vez por lo cual fué denominado por Rübel como "laurisilva"; nombre nada apropiado, ya que el clima de la auténtica formación laurisilva es, como ya se ha comentado, antitético al mediterráneo, dado que la época de mayores precipitaciones anuales corresponde al verano, situación opuesta a los que sucede en las Islas Canarias.

La típica aestisilva es una formación forestal extratropical, de meso y macrobosques decíduos planocaducifolios, con las yemas bien protegidas, que en general muestran un sotobosque rico en hierbas vivaces y en bulbosas. Tiene su mayor representación en las zonas latitudinales templadas de la tierra. Sus bosques climatófilos potenciales, micro y mesotérmicos, precisan de un bioclima templado de veranos lluviosos. También son comunes los aestisilva en áreas de bioclima mediterráneo húmedo o hiperhúmedo, así como en los territorios submediterráneos de transición. En estos casos los árboles tienden hacia la marcescencia. Buenos ejemplos de aetisilva son los bosques atlántico-centroeuropeos de robles, hayas y carpes, y en la región Atlántico-Norteamericana los bosques mixtos de arces y hayas americanas.

La formación aciculisilva más genuina es la constituida por los bosques de coníferas boreales, llamados globalmente taiga. Representan un bioma de ámplia distribución en los territorios septentrionales de Eurasia y Norteamérica, en los que a un invierno gélido con pocas horas de luz sigue un verano lluvioso relativamente cálido y de noches breves. En los suelos de las formaciones climatófilas de la taiga, independientemente de la existencia o no de un subsuelo pergélido, por influencia de una materia orgánica ácida, rica en fenoles y taninos creadores de compuestos orgánicos solubles complejantes, se produce en el horizonte superior la alteración de los minerales arcillosos y la solubilización de la sílice, así como el arrastre de los complejos órgano-metálicos o quelatos, formados hacia un horizonte B espódico, donde se acumulan después de su insolubilización en forma de compuestos amorfos. Además de en la zona boreal, los aciculisilva y los suelos podsólicos son comunes en los pisos altimontano y subalpino de las altas montañas de macrobioclima templado.

Las importantes modificaciones en el aspecto y composición biótica de los bosques naturales y de sus estepas de sustitución, causadas por las variaciones climáticas, edáficas y geográficas del entorno, ha permitido que puedan reconocerse fronteras objetivas y obvias en la vegetación. Una vez conocidos los límites vegetacionales y sus causas, se han podido medir y evaluar estadísticamente los valores climáticos umbrales que los discriminan; para más tarde establecer los rangos de los modelos bioclimáticos actuales, que siempre se ha intentado fuesen parámetros e índices facilmente asequibles y globales. La utilización de los modelos biofísicos establecidos, unido al conocimiento teórico y cartográfico de una buena parte de los límites o fronteras de las series de vegetación europeas, ha permitido diseñar el primer Mapa Bioclimático de Europa a escala 1:10.000.000, que presento para la ocasión de mi Doctorado Honorario por la Universidad de Granada.

La Bioclimatología es la disciplina que estudia la relación entre el clima y los seres vivos. Puesto que en esta ciencia se relacionan primordialmente plantas y fitocenosis con determinados valores del clima, también se podría denominar Fitoclimatología.

No han sido numerosas las clasificaciones bioclimáticas que hasta ahora se han propuesto con intención globalizadora. Entre las más conocidas pueden destacarse las de Koeppen (1918,1931), Thornthwaite (1931,1933), Troll & Paffen (1964), Holdridge (1967) y Walter (1970,1976). A pesar de la bondad de muchas de ellas y de su amplia aceptación, estimo que en algunos aspectos importantes no han dado una respuesta adecuada a hechos que acaecen en la naturaleza. Los aspectos científicos más importantes en los que discrepo, y que fueron la causa de que me decidiera en 1991 a intentar formular una nueva clasificación fitoclimática para la Tierra, han sido esencialmente los siguientes:

1.-Hasta ahora todas las clasificaciones habían reconocido un solo tipo de bioclima desértico, para todos los desiertos del mundo. 
Por mi parte, además de los criodesiertos polares y pergélidos, en función del ritmo anual de las precipitaciones, reconozco dos tipos de bioclimas desérticos. Uno en el seno del macrobioclima tropical, con lluvias en el solsticio de verano; y otro en el macrobioclima mediterráneo, sin lluvias en el dicho solsticio. 

2.-Los sistemas de clasificación más conocidos, tratan como en una sola categoría o zona bioclimática todas las altas montañas de la Tierra. 
Por mi parte, considero que las montañas representan únicamente variaciones térmicas altitudinales, en la mayoría de los casos expresables a través de la zonación de los pisos bioclimáticos de los macrobioclimas que reinan en los valles y llanuras adyacentes. Por ello estimo, que no es posible que las montañas constituyan una sola unidad bioclimática en la tierra. 

3.-De forma casi unánime, las clasificaciones de referencia tratan como bioclima mediterráneo únicamente el tipo subtropical templado-cálido con abundantes lluvias de invierno y sequía en verano, en relación casi exclusiva con los bosques y prebosques de hojas esclerófilas y persistentes. 
Por mi parte, considero que hay un amplio macrobioclima mediterráneo, ómbricamente antitético al tropical, siempre con aridez estival, que como mínimo tiene dos meses de sequía, pero que ésta puede prolongarse incluso hasta los doce meses del año. Según sea la cuantía de las precipitaciones, la estructura de la vegetación potencial mediterránea corresponde a tipos muy diversos que va desde los bosques cerrados sempervirentes o decíduos a los bosques abiertos, arbustedas, semidesiertos, desiertos o incluso hiperdesiertos. Tal vez sea útil volver a recordar que las fitocenosis regidas por los bioclimas mediterráneos poseen una flora y por ende una vegetación radicalmente diversa a la de los bioclimas tropicales con precipitaciones de similar cuantía.

Desde hace más de un lustro, como ya se ha comentado, estoy tratando de poner a punto una clasificación bioclimática que tenga jurisdicción en todo el mundo. Las razones esenciales del empeño han sido dos: 1§, llegar a disponer de una tipología bioclimática cuantificable y con capacidad de predicción, que muestre una relación ajustada entre los modelos vegetacionales y los valores del clima; y 2§ que las unidades bioclimáticas por su valor adivinatorio en la obtención de recursos agrícolas y forestales, puedan utilizarse en las ciencias aplicadas, asi como en los programas de desarrollo y de lucha contra el hambre en el mundo.

La nueva Clasificación Bioclimática de la Tierra, que espero publicar formalmente dentro de pocos meses, reconoce cinco macrobioclimas, veintisiete bioclimas y cinco variantes bioclimáticas. Los macrobioclimas propuestos son: tropical, mediterráneo, templado, boreal y polar; cada uno de los ellos diversificado en varios bioclimas representados por un conjunto de formaciones vegetales, biocenosis y comunidades vegetales propias. En cada uno de los bioclimas, a su vez, se ha reconocido un cierto número de variaciones ombrotérmicas (pisos bioclimáticos), lo que hace que se eleve a más de trescientos el número de isobioclimas que apreciamos existen en la geobiosfera.

Tras el estudio y cartografía de los límites de las series de vegetación y de los dominios climácicos que diagnostican cada uno de los espacios bioclimáticos comentados, se han podido evaluar con bastante precisión los límites, rangos y valores ombrotérmicos de cada uno de los isobioclimas o espacios bioclimáticos. La parte más árdua del trabajo emprendido está siendo precisar cartográficamente las fronteras vegetacionales, no sólo porque es necesario para el afinamiento de los valores diagnósticos de los índices utilizados, sino también para poder realizar una cartografía bioclimática ajustada en todos los continentes. Paradójicamente, los problemas de la falta de información vegetacional geobotánica utilizable para estos fines, no procede siempre de los paises menos desarrollados, sino de algunos de cultura angloamericana; ya que hasta hace muy pocos años no han seguido científicamente en estos temas a las escuelas geobotánicas y fitosociológicas continentales europeas. Las causas de estos desencuentros habría que buscarlas en cuestiones culturales, en planteamientos económicos, o tal vez en prejuicios políticos, ya que no hay que olvidar, que el núcleo investigador fundamental que desarrolló estas ciencias durante el presente siglo ha sido culturalmente germánico, con posteriores ramificaciones eslavas y latinas.

Las discrepancias esenciales comentadas, corresponden grosso modo con los principales postulados, ya convertidos en tesis, que están en la base filosófica de mi clasificación. Resumidos los más importantes son los siguientes. 

1.- Que debe establecerse una ajustada y recíproca relación entre: clima, vegetación y geografía, es decir entre: bioclima, fitocenosis y unidad tipológica biogeográfica. 

2.- Que el bioclima de las montañas, salvo en los valores de la temperatura, tiene una estrecha relación con el de sus pié de monte. Por ello, igual que existe una zonación vertical de la flora y de la vegetación en cada región biogeográfica, deben reconocerse unos peculiares termotipos y pisos bioclimáticos propios, en cada unidad macrobioclimática. 

3.- Que el ritmo de las precipitaciones a lo largo del año tiene tanta o más trascendencia para la composición de las comunidades vegetales, que la cuantía de las mismas. 

4.- Que el ritmo del fotoperiodo estacional más allá de los paralelos 34º N & S representa una barrera insuperable para muchas plantas y fitocenosis; y lo mismo sucede con las latitudes 51º N & S y 66º N & S. 5.- Que el rango o amplitud de las temperaturas medias mensuales entre los meses más extremosos del año - valor que expresado en grados centígrados corresponde al índice de continentalidad simple que hemos utilizado en el trabajo - tiene influencia de primera magnitud en la distribución de las fitocenosis y por ende en los límites de los bioclimas. Los valores límite más significativos en la continentalidad son: 11, 18, 21, 28 y 45.

Como reflexión final tal vez deba decir, que teniendo en cuenta el gigantesco panorama investigador de la Ecología, que como disciplina globalizadora se interesa por toda la información científica de la biosfera, es obvio que para poderla manejar por encima de niveles generalistas se debe parcelar alrededor de temas y disciplinas especializadas más concretas. Sólo de este modo, dada la limitada temporalidad intelectual de los individuos humanos, se puede hacer avanzar eficazmente la ciencia. Por todo ello, como profesor estimo que la mejor estrategia para la transmisión de los avances científicos es intentar quintaesenciar los nuevos conocimientos desponjándolos de todo lo accesorio, para de este modo poderlos transmitir con la claridad de una verdad de Perogrullo. Este procedimiento que indico no es otra cosa que seguir el método que nos marcó nuestro gran pensador y maestro universitario D. José Ortega y Gasset.

Aunque mi interés y curiosidad científica cubra hoy toda la tierra y esté tratando de globalizarla, soy consciente de que sólo conozco una pequeña parcela de la Botánica ecológica,que se denomina la Fitosociología; por lo que he de reconocer que dispongo de pocas armas para tan ambiciosa empresa. Afortunadamente, ni estoy sólo, ni soy el único iluso que pretende modelizar las biocenosis de la Tierra. Mi objetivo personal es llegar a saber algo sobre las pautas que la rijen, y mi compromiso, participar solidariamente hasta el final, en ese equipo multinacional y plurinacional que va escudriñando la Naturaleza y transportando con ilusión, rigor y amistad la antorcha del ideal de nuestra ciencia.